
En los últimos años hemos asistido en innumerables ocasiones a noticias que nos informaban que negocios de toda la vida, que ha logrado superar múltiples adversidades a lo largo de toda su vida, pero que ante la agudeza de la crisis que actualmente atravesamos se han visto obligadas a cesar su actividad. Por otro lado, aunque es menos frecuente, existen otro tipo de circunstancias ajenas a la caída de las ventas y al deterioro de los resultados que avocan a la extinción a algunos negocios, tales como la falta de relevo generacional o no encontrar ningún nuevo ‘capitán’ que lleve el timón en los años venideros.
Al hilo de esta cuestión, me ha llamado la atención que la sastrería más antigua de España haya cerrado porque su dueño no ha encontrado a ningún profesional del oficio dispuesto a continuar con su actividad, fruto de que en los últimos años se han ido abandonando ciertas profesiones de toda la vida, hasta el punto de cada vez resulta más complicado encontrar profesionales.



