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El miedo y la madre que lo parió

El miedo y la madre que lo parió
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No nos extraña ni tampoco nos gusta pero mucho se ha hablado del miedo en blogs de empresa y autónomos como el que estáis leyendo. Miedo a emprender, miedo a cambiar, miedo hasta al propio miedo. Woody Allen dijo una vez: “El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otro.”

El miedo, igual que el dolor, parte de la intensidad de un sentimiento latente en este caso impulsado por la perspectiva de un riesgo real o imaginario. En lo que nos afecta, el miedo nos habla de una expectativa negativa que afecta a nuestro futuro personal y profesional. Estudiando el miedo se ha cambiado el propio concepto de empresa pero también se aplicó previamente a otros ámbitos como la religión.

Hemos pasado de dioses castigadores y jefes coercitivos a dioses comprensivos y jefes motivadores. Eso si, ahora muchos jefes tienen miedo y se contagia a los empleado de forma directa o indirecta volviendo a modelos retrógrados. Todo se retroalimenta en una espiral que nos acerca al pánico colectivo. ¿Conocemos el miedo? ¿Sabemos manejarlo?

El miedo es un arma poderosa utilizada muchas veces para doblegar la voluntad humana, conseguir la máxima eficiencia y superar nuestros límites. Se llega a decir que tener miedo es positivo en según qué cosas. Yo digo que todo depende de la intensidad. Puede ser normal sentir cierta ansiedad, estrés o preocupación pero el miedo puede llegar a paralizar, comer la moral/motivación y frenar opiniones. Lo hemos visto en el campo político, en la religión, el ejército y en nuestras empresas.

Resulta curioso ahondar en el origen de la palabra miedo (del latín "metus") pues podemos llegar hasta a la mitología griega donde existe una interesante historia. Se dice que Afrodita, diosa de la belleza y el amor, fue infiel a Hefesto con Ares (dios de la violencia). De esta infidelidad nacieron Fobos y Delmos, caracterizaciones del miedo y del terror. Amor y violencia como padres del miedo, resulta curioso cuanto menos, aunque ¿acaso hay mayor miedo que perder a quien se ama?

El miedo nos afecta mediante dos vertientes, la fisiológica y la psicológica. Es un elemento de alerta que nos controla para evitar realizar acciones que pongan en peligro nuestra integridad física. Mediante el concepto empresarial o económico ha entrado en nuestra psique se ha convertido en un término cuasi físico pues el daño que afecte a nuestra organización y/o bolsillo nos afectará indudablemente como si nos cortaran con una espada. La infidelidad de Afrodita es en sí un riesgo del que obtenemos miedo y terror, máxima expresión de un mismo sentimiento descontrolado.

El riesgo forma parte de nuestra vida, empresa e inversiones. Hablar de miedo en un ambiente que aterra a muchos profesionales nos acerca aún más a la histeria colectiva. Este fenómeno no siempre se explica desde la lógica sino como una reacción física natural que se contagia como un virus cegando nuestro juicio. Esto también es natural y nos es propio como especie social con el fin de la protección colectiva.

Podemos escuchar en diversas mesas de debate y telediarios o periódicos que estamos en una "crisis de confianza" o "crisis del miedo". Más allá del problema económico de base la gente no consume por temor ante una perspectiva negativa aunque personalmente no sufran agudamente las repercuciones de la crisis. Vemos incluso multimillonarios que gastan auténticas salvajadas pero aún así no es más que la mitad de lo que gastaban antes.

"El miedo es una enfermedad. Se mete en el alma de cualquiera que lidia con él. Ya ha contaminado tu paz. No te crié para verte vivir con miedo. Sácalo de tu corazón. No lo lleves a nuestra aldea. " Frase de la película "Apocalypto" de Mel Gibson

Si, el miedo se contagia y no entiende de lógicas. Si Afrodita lo hubiese meditado no habría sido infiel a Efesto pero hay cosas que no entienden de razones. Tener el bolsillo lleno no es una vacuna contra esta infección sino un agravante (el miedo aumenta cuantas más cosas percibamos que podemos perder). Puede que el miedo vaya a estar ahí siempre pero tenemos que intentar desintoxicarnos de este ambiente. Abstraernos de lo que se dice y centrarnos en lo que nos pasa. Sé que hablar del miedo no es siempre bueno cuando se tiene, pero enfrentarlo puede descubrirnos que quizás estemos infectados por el temor o apreciación de un colectivo más que por nuestra propia perspectiva.

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