Según el último Informe de la Competitividad Regional en España 2025, elaborado por el Consejo General de Economistas, el lugar donde se decide emprender sigue marcando diferencias muy relevantes en las oportunidades reales para crear y consolidar un negocio.
Este estudio vuelve a confirmar que el mapa económico español se estructura en torno a bloques bien diferenciados, con comunidades que concentran mejores condiciones para la actividad empresarial y otras que continúan arrastrando desequilibrios estructurales.
El análisis no se limita a medir crecimiento o recaudación, sino que evalúa de forma integral los factores que influyen en la vida diaria de autónomos y pymes. Aspectos como el entorno económico, el mercado laboral, el capital humano, la calidad institucional o la innovación determinan en gran medida si una empresa puede nacer, crecer y mantenerse en el tiempo.
Un mapa dividido en dos grandes bloques
El informe del Consejo General de Economistas identifica con claridad la existencia de dos grandes grupos territoriales.
Por un lado, un núcleo de comunidades con niveles altos de competitividad, encabezado por la Comunidad de Madrid, el País Vasco y Navarra. Por otro, un amplio conjunto de regiones que se mueven entre niveles medios y bajos, entre las que destacan Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura, Canarias o la Región de Murcia.
Se trata de un “triángulo competitivo” que concentra buena parte de la capacidad económica, institucional y empresarial del país. Este patrón, aunque no es nuevo, se mantiene con el paso de los años y condiciona de forma directa las decisiones de inversión y emprendimiento.
Salvador Marín, director del Servicio de Estudios del Consejo General de Economistas, subraya que este mapa no implica inmovilidad absoluta, ya que existe cierta convergencia entre regiones desde 2013, aunque todavía insuficiente para cerrar las brechas existentes.
Un índice que va más allá del crecimiento económico
A diferencia de otros rankings centrados exclusivamente en fiscalidad o PIB, el Índice de Competitividad Regional analiza siete grandes ejes que permiten evaluar la economía real.
El entorno económico mide variables como productividad, renta o apertura exterior. El mercado de trabajo observa la calidad del empleo, el paro estructural o la temporalidad. El capital humano incorpora formación, cualificación y uso de tecnologías.
A estos se suman el entorno institucional, las infraestructuras básicas, la eficiencia empresarial y la innovación. La combinación de todos ellos ofrece una visión mucho más completa del ecosistema en el que operan los negocios.
Este enfoque explica por qué comunidades con un peso económico elevado no siempre obtienen buenos resultados en todos los ámbitos, mientras que otras menos pobladas logran destacar en variables concretas.
Por qué Madrid y País Vasco parten con ventaja
Madrid mantiene su posición como una de las regiones más competitivas gracias a un entorno institucional más estable, una elevada concentración de actividad económica y un mercado laboral más dinámico. A ello se suma una mayor facilidad para atraer inversión y talento, factores clave para cualquier proyecto empresarial.
El País Vasco, por su parte, combina un tejido industrial sólido con una alta productividad y un fuerte compromiso con la innovación. Navarra completa este grupo gracias a su estabilidad fiscal, su capacidad exportadora y una administración percibida como eficiente.
Estas comunidades presentan mejores resultados globales en varios ejes, lo que se traduce en menos trabas administrativas, mayor acceso a financiación y un entorno más favorable para el crecimiento empresarial.
Andalucía y Castilla-La Mancha, lastradas por factores estructurales
En el lado opuesto se sitúan Andalucía y Castilla-La Mancha, que comparten debilidades estructurales persistentes. El informe refleja mayores dificultades en el mercado laboral, menor productividad y una menor capacidad para atraer inversión privada.
En el caso andaluz, el elevado desempleo y la alta temporalidad siguen pesando sobre la competitividad regional, a pesar de los avances registrados en los últimos años. Castilla-La Mancha, por su parte, acusa una menor densidad empresarial y una estructura productiva menos diversificada.
Ambas comunidades obtienen peores resultados en varios ejes clave, lo que repercute directamente en las posibilidades de los emprendedores para consolidar sus proyectos.
El papel del entorno institucional y los costes laborales
Uno de los elementos más determinantes del estudio es el entorno institucional. La estabilidad normativa y la simplificación administrativa son factores decisivos para la actividad empresarial. Cuando existen demasiadas trabas, duplicidades o inseguridad jurídica, la iniciativa privada se resiente.
En este punto, el informe señala que el entorno institucional ha empeorado en varias comunidades durante el último año. La existencia de múltiples ventanillas administrativas, la lentitud en los trámites o la falta de coordinación entre administraciones penalizan especialmente a autónomos y pequeñas empresas.
Otro factor clave es el de los costes laborales. El estudio matiza que el problema no reside en los salarios, sino en las cargas asociadas a cotizaciones y obligaciones fiscales. Según Marín, estos costes limitan la capacidad de contratación y frenan el crecimiento de los pequeños negocios, especialmente en las regiones menos competitivas.
Infraestructuras, eficiencia e innovación como palancas de cambio
Las infraestructuras siguen siendo un elemento decisivo. Comunidades como Extremadura o Castilla-La Mancha destacan en este ámbito, lo que demuestra que la inversión pública puede corregir desequilibrios históricos si se mantiene en el tiempo.
En cuanto a eficiencia empresarial, Baleares, Canarias y Galicia muestran una mayor capacidad de adaptación, muy vinculada al peso del sector servicios y al dinamismo turístico.
Sin embargo, en innovación se detecta una paradoja: regiones tradicionalmente punteras, como Madrid o Cataluña, no lideran el ranking, mientras que otras menos asociadas a la tecnología obtienen mejores posiciones.
Este resultado apunta a cambios en los patrones de inversión y a una redistribución del esfuerzo innovador, aunque también puede reflejar diferencias metodológicas en la medición.
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