El relevo generacional es, sin duda, un desafío silencioso del tejido empresarial español. Aunque las empresas familiares siguen siendo el principal motor económico del país, la continuidad de estos negocios se enfrenta a un problema estructural que amenaza su supervivencia a medio plazo.
El traspaso de mando entre generaciones, lejos de ser un trámite natural, se ha transformado en un proceso complejo que muchas compañías no consiguen culminar con éxito.
Según un informe del Instituto de la Empresa Familiar, solo una de cada tres empresas familiares logra completar adecuadamente el relevo generacional. Y a pesar de que aquellas que lo hacen presentan mejores resultados y mayor capacidad de crecimiento a largo plazo.
Un reto estructural para la economía española
España cuenta con cerca de tres millones de pymes, que representan el 99,8 % del tejido empresarial.
De ese total, aproximadamente el 89% son empresas familiares, lo que convierte su continuidad en un asunto estratégico para la estabilidad económica y el empleo.
Sin embargo, el proceso de sucesión sigue siendo una asignatura pendiente en miles de negocios que, pese a su solidez, no han preparado el cambio de liderazgo.
La falta de anticipación sigue siendo uno de los principales problemas. Muchas empresas mantienen a sus fundadores al frente hasta edades avanzadas, retrasando decisiones clave y dejando a la siguiente generación sin una hoja de ruta clara.
Esta situación provoca tensiones internas y dificulta la adaptación a un entorno cada vez más competitivo y digitalizado.
La sucesión como factor de riesgo empresarial
El relevo generacional no es únicamente una cuestión familiar, sino una decisión estratégica que condiciona la continuidad del proyecto empresarial.
De acuerdo con los datos recogidos por el IEF, el 40% de las familias empresarias considera la sucesión como uno de los principales riesgos para la viabilidad de su negocio.
La ausencia de planificación, la falta de profesionalización y la inexistencia de protocolos internos siguen siendo los principales factores que explican este estancamiento.
Dos de cada tres empresas familiares carecen de un plan de sucesión definido, lo que reduce drásticamente sus opciones de supervivencia cuando llega el momento del cambio.
En muchos casos, el relevo se produce de forma improvisada, motivado por circunstancias personales o de salud, y no como resultado de una estrategia consensuada y progresiva.
Profesionalizar para garantizar la continuidad
Las compañías que logran superar con éxito este proceso comparten una serie de rasgos comunes. Entre ellos destaca la planificación anticipada, la definición clara de roles y la profesionalización de la gestión.
Lejos de suponer una pérdida de control, ceder responsabilidades de forma ordenada permite consolidar el proyecto y asegurar su crecimiento futuro.
Las nuevas generaciones aportan una visión más abierta, digital y orientada a la sostenibilidad. Este cambio cultural, bien gestionado, se traduce en una mayor capacidad de adaptación a los mercados actuales y en una mejora de la competitividad.
Un pilar económico con un peso decisivo
El papel de la empresa familiar en la economía española es incuestionable. Según datos del Instituto de la Empresa Familiar elaborados junto a McKinsey & Company, este tipo de compañías representan alrededor del 90% del total de empresas del país y generan cerca del 70% del empleo privado, lo que equivale a más de 6,5 millones de puestos de trabajo.
Además, su aportación al producto interior bruto del sector privado alcanza el 57%, consolidándose como uno de los pilares fundamentales del crecimiento económico.
Esta relevancia hace que cualquier dificultad estructural, como el relevo generacional, tenga un impacto directo sobre el conjunto del tejido productivo.
Empresas más estables y con mayor crecimiento
Lejos de la imagen de negocio tradicional poco innovador, las empresas familiares destacan por su solidez y capacidad de crecimiento. Según el análisis realizado por el IEF a partir de más de un centenar de compañías, estas empresas registraron entre 2014 y 2023 un crecimiento medio anual del 7 %, el doble que el de las empresas cotizadas del Mercado Continuo.
Además, presentan ingresos más estables y una mayor capacidad para resistir ciclos económicos adversos. En el ámbito laboral, también muestran mejores indicadores, con un crecimiento del empleo sostenido y una menor rotación de personal.
También su arraigo territorial favorece el desarrollo económico de regiones menos pobladas y contribuye a fijar empleo de calidad. De hecho, fuera de Madrid y Cataluña, estas compañías generan una facturación significativamente superior a la media nacional, impulsando el equilibrio territorial.
En definitiva, el desafío del relevo generacional sigue siendo, por tanto, uno de los grandes retos pendientes.
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