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La paradoja de España con los autónomos: alcanza su récord histórico con prácticamente 3,3 millones, pero es el país más caro y con más trabas para el emprendimiento

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Sergio Delgado

Editor
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Sergio Delgado

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España y sus contradicciones. Mientras el número de trabajadores por cuenta propia alcanza cifras nunca vistas, el entorno en el que éstos desarrollan su actividad se vuelve cada vez más complejo, exigente y restrictivo.

El autoempleo crece, sí, pero lo hace en un contexto marcado por una elevada presión fiscal, un sistema de cotizaciones en constante revisión y una sensación generalizada de falta de respaldo institucional.

Los últimos datos oficiales confirman esta realidad dual. Por un lado, el colectivo de autónomos sigue demostrando una enorme capacidad de resistencia y adaptación, incluso en un entorno económico incierto.

Por otro, las condiciones para emprender continúan deteriorándose, lo que genera una paradoja difícil de sostener a medio plazo: nunca hubo tantos trabajadores por cuenta propia y, al mismo tiempo, nunca fue tan complejo mantenerse como tal.

El récord histórico que confirma el peso del autoempleo

Las cifras publicadas por la Encuesta de Población Activa correspondientes al cuarto trimestre de 2025 reflejan con claridad esta situación. Según los datos analizados por la Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores, el número de personas dadas de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos alcanzó los 3.294.900, el volumen más elevado registrado hasta la fecha.

Solo en los últimos tres meses del año se incorporaron más de 22.000 nuevos autónomos, lo que supone un crecimiento intertrimestral cercano al 0,7 %.

En términos interanuales, el incremento fue aún más significativo, con casi 37.000 personas más trabajando por cuenta propia, un avance que consolida al autoempleo como uno de los motores que sostienen el mercado laboral español.

Desde la organización destacan que este crecimiento demuestra la capacidad de adaptación del colectivo y su papel clave en la economía productiva.

Sin embargo, también subrayan que esta evolución positiva no puede ocultar una realidad mucho más compleja, marcada por una protección social insuficiente y por un modelo que sigue cargando sobre los autónomos gran parte del esfuerzo económico.

Un crecimiento que no oculta las carencias estructurales

A pesar del aumento de afiliados, el diagnóstico de fondo es menos optimista. Uatae ha insistido en que una parte muy significativa de los trabajadores por cuenta propia desarrolla su actividad en condiciones precarias, con ingresos inestables y una cobertura social claramente inferior a la del trabajo asalariado.

La organización subraya que siguen pendientes cuestiones clave como la mejora del cese de actividad, la equiparación del subsidio para mayores de 52 años o el perfeccionamiento del sistema de cotización por ingresos reales.

El avance del número de autónomos, lejos de reflejar un entorno favorable al emprendimiento, responde en muchos casos a la falta de alternativas laborales.

El emprendimiento, una carrera de obstáculos

Esta percepción se ve reforzada por los datos del Informe GEM España 2024-2025, elaborado por el Observatorio del Emprendimiento.

Este estudio revela que el porcentaje de personas que planean iniciar un negocio en los próximos tres años apenas supera el 11%, una cifra que se mantiene estancada desde hace más de una década y que contrasta de forma notable con la media europea, situada cerca del 40%.

Las razones de esta brecha son conocidas. La complejidad administrativa, la sobrerregulación, la escasa proporcionalidad entre lo que se paga y lo que se recibe, las dificultades de acceso a financiación y una fiscalidad considerada excesiva actúan como freno al emprendimiento.

Cotizaciones al alza y mayor presión fiscal

A este escenario se suma la política seguida por el Gobierno en materia de cotizaciones. Bajo el argumento de reforzar la protección social y garantizar la sostenibilidad del sistema, el Ejecutivo ha impulsado un nuevo modelo que incrementa de forma progresiva las cuotas de los autónomos.

Según las previsiones presentadas por el Ministerio de Seguridad Social, las bases mínimas y máximas continuarán aumentando hasta 2028, lo que supondrá un esfuerzo adicional de miles de millones de euros para el colectivo.

El nuevo esquema plantea cuotas que arrancan en algo más de 217 euros mensuales para los ingresos más bajos y superan los 1.200 euros en los tramos superiores en apenas tres años.

En conjunto, la recaudación prevista se incrementaría en más de 5.700 millones de euros, una carga que las asociaciones consideran desproporcionada en relación con las prestaciones recibidas.

Además, buena parte de los autónomos sigue sin poder acceder al cese de actividad, a pesar de cotizar por él, y continúa soportando obligaciones fiscales como el IVA incluso en niveles de facturación reducidos, una situación que en otros países europeos está exenta o notablemente suavizada.

España frente al modelo europeo

La comparación con otros países de la Unión Europea deja en evidencia las debilidades del sistema español.

En Francia, las cuotas dependen del volumen de negocio y del tipo de actividad, con porcentajes claramente definidos. En Italia, quienes ingresan menos de un determinado umbral quedan exentos de cotizar. En Alemania, la contribución mínima es muy inferior a la española, y en Portugal las cuotas se ajustan de forma flexible a los ingresos reales.

Frente a estos modelos, el sistema español impone una carga fija elevada que penaliza especialmente a quienes tienen ingresos bajos o irregulares.

Esta rigidez convierte a España en uno de los países más caros para emprender, una circunstancia que desincentiva la creación de nuevos negocios y dificulta la consolidación de los existentes.

Imágenes | Pixabay, Unplash

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