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¿Y si llega una oferta?

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Hablé hace tiempo en otro post de la exitencia de tres tipos de emprendedores. El emprendedor inversor, que pretende hacer crecer su empresa para atraer a posibles compradores y venderla a un buen precio. Otro tipo es el emprendedor de medios de vida, que busca una estabilidad económica pero que tampoco se plantea un proyecto empresarial demasiado grande porque sólo busca el trabajo y la recompensa económica suficiente para vivir bien.

El tercer y último tipo es el del emprendedor que pretende que su empresa perdura, hacer una empresa lo suficiente grande y rentable como para que se mantenga en el tiempo e, incluso, dejarselos a sus herederos. El pertenecer a un tipo u otro, muchas veces, va a depender de las circunstancias personales o económicas de cada momento, por eso siempre hay que tener en cuenta qué hacer si nos llega una oferta por nuestro negocio.

Si hemos hecho un buen trabajo y hemos conseguido crear una empresa atractiva, competitiva, con potencial de crecimiento, rentable o, simplemente, con un producto y una estructura puntera en nuestro sector, es posible que, en algún momento podamos recibir una oferta de compra de una empresa de la competencia, un inversor o cualquier otra persona que tenga intenciones quedarse al frente de la misma. Si somos del primer tipo de emprendedor y la oferta es económicamente interesante, es muy probable que no tengamos ninguna duda sobre qué hacer.

Si somos del segundo tipo es muy posible que tampoco tengamos excesivas dudas ya que con el capital que obtengamos con la venta, es muy posible que podamos iniciar otro negocio, en el mismo o en otro sector y mantener nuestro nivel actual. El tema es más delicado en el tercero de los casos.

Lo primero que debemos de tener en cuenta es que, aunque hayamos visto crecer a nuestra empresa desde el comienzo, nuestro negocio no es un hijo. Puede haber muchas situaciones, además de las económicas, que nos pueden hacer pensar que lo mejor es vender nuestra parte y dedicarnos a otra cosa.

El crecimiento de la misma y el trabajo que haya que dedicarle pueden hacer que éste nos sobrepase en aptitudes, en conocimientos, en tiempo. Llegado el caso, si detectamos que la empresa nos puede sobrepasar, podemos pensar en la salida del negocio ante una buena oferta.

Un cambio en la política de la empresa, en la organización, discrepancias con socios, ... a veces no merece la pena trabajar a disgusto. Plantearse nuevos objetivos personales o profesionales y volver a empezar, con una buena plusvalía económica, pueden ser la mejor opción.

Las barrera naturales ante estas disyuntivas son las mismas que el proceso de emprender original. El emprendedor ya ha sabido enfrentarse a la aversión al riesgo, a nuevos planteamientos o a desarrollar una nueva idea antes, la cuestión es ¿estamos dispuestos a volver a pasar por ello o preferimos continuar como estamos?

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