La fatiga de la pandemia no podrá con los autónomos

La fatiga de la pandemia no podrá con los autónomos
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Se habla mucho de un concepto que tiene que ver con el hartazgo y la prolongación de una situación absolutamente anormal como la que estamos viviendo debido a los efectos del coronavirus. Un túnel largo, del que está costando salir mucho más de lo que la mayoría pensaba. Pero la fatiga de la pandemia no podrá con los autónomos.

Aunque tiene mucho de épica y de mito, también una parte de realidad ese reflejo del autónomo como alguien incansable que lucha por sacar adelante su negocio, su sueño o simplemente en los casos de autoempleo a su familia. Pero todos tienen algo en común, saben que tienen que seguir hacia adelante y no está permitido desfallecer.

Al menos no ahora. Al menos no después de todo lo que hemos pasado y manteniendo en pie la empresa, el negocio, muchas veces hombro con hombro con un equipo de trabajo comprometido con la situación de la compañía, que saben que su futuro profesional muchas veces va unido a de esta empresa.

Y el problema fundamental es que cuando muchos empiezan a ver la luz, otra vez hay un paso atrás. Y esto crea un desánimo muy grande. Cuando parece que se sale, que todo se normaliza un poco, vuelven las restricciones, las limitaciones a la actividad. Y con ellos en muchos casos el descenso de la facturación.

Mirándolo todo con perspectiva es muy posible que estemos cerca del final. Pero es que no se afronta con las mismas fuerzas que el verano pasado, ni mentalmente en muchos casos, ni económicamente, donde muchos han consumido sus recursos, los pocos que tenían mucho más rápido de lo que les hubiera gustado.

Ahora que empiezan las vacaciones. En muchos casos los autónomos están acostumbrados a ver como los demás descansan mientras ellos siguen trabajando. No todos pueden permitirse dejar una semana de trabajar, prescindir de esos ingresos para poder relajarse y desconectar mentalmente de todo. Y sin embargo también lo necesitan. Es necesario más que nunca mantenerse mentalmente concentrados. Poder destinar toda nuestra capacidad a solucionar los problemas que se nos presenten.

No es una situación nada fácil. Pero si alguien está preparado y puede conseguirlo es este colectivo de trabajadores que está acostumbrado a nadar contracorriente. Porque dejar de nadar es dejarse arrastrar y rendirse. Y esta es una palabra que no suele estar en su diccionario.

Imagen | Erik Mclean en Pexels

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