Han sido y siguen siendo elementos clave del paisaje turístico español. Las tiendas de souvenirs forman parte de los centros históricos, zonas costeras y principales destinos del país. Las típicas tiendas “para comprar un recuerdo” mientras estamos de vacaciones, que han existido siempre.
Sin embargo, detrás de sus coloridos escaparates se esconde también el problema que amenaza a buena parte del pequeño comercio: la falta de relevo generacional.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y Turespaña, España cuenta con más de 57.000 establecimientos especializados en productos dirigidos principalmente al turista nacional e internacional.
Cataluña encabeza la clasificación, con más de 12.000 negocios, por delante de la Comunidad Valenciana, Andalucía y la Comunidad de Madrid. Dentro de este amplio mercado, 954 comercios están dedicados específicamente al souvenir tradicional, desde imanes hasta abanicos, tazas y demás recuerdos y artículos promocionales.
La actividad, sin embargo, es mucho más amplia. Alrededor de 8.289 establecimientos corresponden a moda y accesorios vinculados al turismo, mientras que otros 7.140 son tiendas de regalos. Y a ellos se añaden 864 negocios especializados en artesanía y cerámica, pero ¿tienen futuro? ¿el volumen de turistas que recibe España cada año es una garantía para su supervivencia?
"Las nuevas generaciones no están dispuestas a sacrificarse"
Marcos lleva 17 años al frente de una tienda de productos típicos. Todavía tiene tiempo por delante antes de jubilarse, pero ya sabe que su negocio difícilmente continuará dentro de la familia.
"No tengo relevo generacional", reconoce. Tiene una hija, pero explica que no quiere hacerse cargo del establecimiento. El comerciante comprende su decisión porque conoce perfectamente las exigencias que implica mantener abierto un pequeño negocio.
Es una vida "muy sacrificada, con muchos dolores de cabeza, mucho trabajo", explica sobre una actividad que exige una dedicación difícil de asumir para quienes buscan otras condiciones laborales. Su diagnóstico sobre el cambio generacional es claro: "Las nuevas generaciones no están dispuestas a sacrificarse para cuidar del negocio".
Ascensión se encuentra mucho más cerca de afrontar definitivamente ese problema. Su establecimiento abrió en 1972 y ella terminó asumiendo las riendas cuando sus padres ya no pudieron continuar trabajando. "No hay un relevo generacional, mis hijos se dedican a otra cosa, son empresarios", señala.
En su caso, además, la falta de sucesores coincide con unas cuentas que ya no justifican mantener el establecimiento. "La situación del pequeño y mediano comercio ha cambiado muchísimo, ya no son rentables, o por lo menos, en mi caso, ya no es rentable", lamenta.
El 70% de las empresas familiares no llega a la segunda generación
Los casos de Marcos y Ascensión reflejan un fenómeno mucho más amplio. El economista Fernando Trías de Bes sitúa el problema especialmente entre microempresas y pequeños negocios familiares.
Un 70% de las empresas familiares no consigue pasar a una segunda generación, aproximadamente el 90% desaparece antes de alcanzar la tercera y únicamente un 5% consigue llegar a la cuarta.
No se trata únicamente de grandes compañías familiares. El problema afecta a negocios cotidianos como un taller mecánico con dos empleados, una peluquería, un pequeñito bar o una carpintería, por ejemplo.
Una de las explicaciones está en las nuevas expectativas profesionales. "Las nuevas generaciones tienen otras aspiraciones", sostiene Trías de Bes.
Muchos descendientes han estudiado, se han trasladado a otras ciudades o directamente "no quieren desarrollar un oficio". El resultado puede convertirse en un "drama" para determinados barrios y municipios, donde algunos servicios desaparecen cuando se jubila su propietario.
Menos hijos y una sucesión que se prepara demasiado tarde
La demografía también juega en contra. Las familias numerosas ofrecían anteriormente varias posibilidades para encontrar un sucesor. Ahora, "la gente o no tiene hijos o tiene uno y a duras penas dos".
Cuando ninguno quiere continuar, las alternativas disminuyen drásticamente. "El negocio se ha perdido", resume Trías de Bes.
A ello se suma la falta de planificación. Cerca del 70% de las empresas familiares carece de un plan específico para organizar el relevo. Preguntado por el principal fallo cometido por los propietarios, el economista responde con una palabra: "esperar mucho".
"El error más frecuente es esperar demasiado", insiste. Transferir conocimientos, relaciones comerciales, proveedores y clientes requiere años y no puede resolverse cuando la jubilación ya es inminente.
También cuestiona que la continuidad tenga obligatoriamente que recaer en un descendiente. "Por ser hijo, ya eso no te habilita para dirigir un negocio", advierte.
Imágenes | Dmitrii E., JD Mason
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