Ponerse enfermo puede convertirse en un auténtico problema para cualquier trabajador por cuenta propia. De hecho, lo es a tenor de ciertos testimonios que salen publicados de forma periódica en prensa y en redes sociales.
Aunque desde hace años los autónomos tienen derecho a cobrar una prestación por incapacidad temporal, la realidad es que muchos siguen evitando coger una baja.
Hacerlo supone una importante reducción de ingresos y, además, el negocio continúa generando gastos aunque ellos no puedan trabajar.
Este es el caso viral de Javier, un autónomo de 45 años y que ha puesto rostro a una realidad que muchos profesionales viven. Con una hoja de cálculo en una mano y un megáfono en la otra, Javier ha denunciado su situación.
"¡Llevo 12 años sin ponerme malo ni un solo día! ¡Ni una puta gripe!", exclamó antes de añadir: "Me levanto a las tres de la mañana todos los días desde hace doce años, como los chavales de Llados, pero yo no vendo humo: yo limpio portales".
Según explica, sus ingresos brutos mensuales ascienden a 4.000 euros, pero una vez aplicados impuestos y costes, su beneficio real se reduce a 1.000 o 1.200 euros.
Para demostrarlo, fue enumerando uno a uno los principales gastos que debe asumir cada mes: unos 480 euros de cuota de autónomos, alrededor de 840 euros correspondientes al IVA adelantado, aproximadamente 600 euros de IRPF y entre 1.000 y 1.200 euros más destinados al combustible, el alquiler del local, los seguros, las averías y la gestoría.
Tras mostrar ese desglose, la emoción terminó desbordándole. Sentado sobre la acera y con la voz completamente rota, resume su situación: "Después de todo eso, me quedan 1.200 euros para pagar la hipoteca y mantener a mis hijos. ¡Esto no es vida!".
El miedo constante a enfermar
Javier asegura que durante toda su vida profesional jamás se ha permitido dejar de trabajar por enfermedad. Ni siquiera disfrutó de una baja cuando nacieron sus hijos. "No tengo bajas, no me puedo permitir enfermar", explicó, antes de insistir en que "aquí si te pones malo, no cobra nadie en casa".
En su opinión, el problema va mucho más allá de la cuantía de los impuestos. Considera que el sistema actual "penaliza al autónomo que trabaja más y factura más, sin ofrecerle a cambio cobertura suficiente".
Qué ocurre realmente cuando un autónomo se da de baja
¿Cuál es la protección real de los trabajadores autónomos durante una incapacidad temporal?
Actualmente sí existe una prestación económica para quienes no pueden desarrollar su actividad por enfermedad o accidente. Desde la entrada en vigor del Real Decreto-ley 28/2018, los trabajadores por cuenta propia pueden acceder a ese subsidio siempre que cumplan determinados requisitos.
Entre ellos se encuentran estar dados de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA), disponer del correspondiente parte médico y encontrarse al corriente de pago con la Seguridad Social.
Cuando la baja deriva de una enfermedad común también es necesario acreditar al menos 180 días cotizados durante los cinco años anteriores. Este requisito desaparece cuando la incapacidad tiene origen profesional.
Las causas que permiten acceder a la prestación incluyen tanto enfermedades comunes —como una gripe, una bronquitis o una otitis— como accidentes laborales o enfermedades profesionales.
Asimismo, los autónomos pueden percibir la prestación por nacimiento y cuidado del menor y, si las secuelas son permanentes e impiden continuar trabajando, solicitar una incapacidad permanente.
¿Cuánto cobra un autónomo durante una baja?
La cuantía depende del origen de la incapacidad y de la base reguladora.
Cuando la baja se produce por una enfermedad común o un accidente no laboral, el autónomo percibe el 60% de su base reguladora desde el cuarto hasta el vigésimo día. A partir del día 21, la prestación pasa al 75%.
Por ejemplo, con una base reguladora de 1.000 euros mensuales, el trabajador cobraría 600 euros durante los primeros días de prestación y 750 euros si la baja se prolonga más allá de veinte días.
Si el origen de la incapacidad es un accidente laboral o una enfermedad profesional, la prestación asciende directamente al 75% de la base reguladora desde el inicio.
Precisamente esa diferencia entre lo que un autónomo necesita ingresar para mantener su actividad y las cantidades que puede percibir durante una baja explica que muchos, como Javier, prefieran seguir trabajando incluso cuando su salud les obliga a parar.
Imagen | Vitaliy Shevchenko
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