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La crisis y el paro no son la razón para emigrar

La crisis y el paro no son la razón para emigrar
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Este fin de semana destacaba un reportaje de lo más interesante en el Magazine. Su título,"Emigrar en busca de futuro". En él llamó mi atención el hecho de que no se destacase como elemento detonante de la emigración la crisis o el paro, sino otros motivos añadidos como el nepotismo, los bajos salarios o las dificultades para abrir un negocio. Y no, no estoy hablando de España sino de Portugal, Italia y Francia.

Respecto a Italia se critica por parte de la población sin empleo, el que pesen más las relaciones que el currículum lo cual, por desgracia, no me parece que sea patrimonio de los italianos. En nuestro país, la inteligencia emocional en su perfil más próximo a desenvolverse en las relaciones interpersonales, resulta de escasa validez en muchos casos donde 'ser amigo de' prima más que una buena formación e incluso la necesidad de encontrar un trabajo.

Según cuenta el redactor que se encarga de dibujar el escenario en Francia respecto a la emigración, por el mes de marzo de 2007 muchos franceses pensaban en la salida de su país como solución. ¿La razón? el inmovilismo, la rigidez y los prejuicios. El paro y la disparidad entre los jóvenes que viven en el extrarradio de las ciudades fueron el detonante del éxodo laboral.

Los jóvenes franceses emigran sobre todo por culpa de los contratos precarios unidos a trabajos mal pagados y con pocas esperanzas de mejorar en el ámbito laboral. Con ese panorama no es de extrañar que el número de emigrantes galos haya aumentado hasta un 14% desde 2008.

Si hablamos de Italia, nos encontramos con un escenario similar, donde los problemas aparecieron antes de la tristemente famosa crisis económica. Con un crecimiento escaso y con una nula competitividad, Italia fue uno de los primeros países en contemplar cómo sus jóvenes se marchaban junto a sus títulos y su brillante preparación al extranjero.

Resulta llamativo que los líderes de las organizaciones patronales digan en voz alta frases como "hemos sido demasiado indulgentes con la mediocridad y el nepotismo". Da que pensar, pero el problema estriba en que los ciudadanos ya eran conscientes de la situación hace años, y es ahora, cuando viven fuera que han de escuchar un poco de coherencia en los discursos de sus mandatarios.

Si hay un motivo principal para dejar Italia es la falta de reconocimiento a los méritos académicos, profesionales y demás. Hablamos de un país donde existe una sociedad corporativista. Las conexiones familiares y las recomendaciones son más importantes que el currículum. En fin, lo que aquí llamamos coloquialmente 'enchufismo".

Para terminar observemos a Portugal, nuestro vecino más silencioso y del que menos sabemos. Parece que lo natural entre estos ciudadanos sea abandonar su país. No se hace hincapié en la crisis, ni el en el desempleo juvenil, ni en el paro entre los mayores. En realidad se trata de que allí no hay futuro. La población sufre. Así de crudo y así de general.

La diferencia entre los emigrantes de hace veinte o treinta años es la preparación. Jóvenes y mayores se lanzan a la aventura obligada de emigrar, con varios títulos bajo el brazo, aunque salir de Portugal es el deseo de la mayoría y por supuesto, no todos cuentan con una titulación.

La reflexión que una hace ante este pequeño esbozo sobre tres países cercanos a España es que no estamos solos. No es un consuelo. No es para sentirse orgulloso ni mejor. Pero de vez en cuando está bien comprobar que los defectos que tiene nuestro país no son exclusivos de nuestra cultura.

Desafortunadamente las sociedades repiten los mismos errores. Lo curioso de estas tres historias es que tienen como protagonistas a personas que habitan en países del sur de Europa.

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