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Debería apoyar al comercio local, pero tras años dándome la espalda ahora no tengo empatía con ellos

Debería apoyar al comercio local, pero tras años dándome la espalda ahora no tengo empatía con ellos
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Vivo en una ciudad de tamaño medio, costera, donde el turismo, como en otras muchas es la actividad económica fundamental. Además un turismo extranjero, con un poder adquisitivo elevado. Y como es lógico los comercios aprovechan para captar aquí a sus clientes. Lo malo es que ahora no están. Y en este momento complicado el comercio de proximidad pide la ayuda a los ciudadanos, a sus vecinos para que no compren por Internet, para que apoyen y salven de esta difícil situación al comercio local. Pero tras años dándome la espalda ahora no tengo empatía con ellos.

Es una opinión muy personal. Pero durante años he visto como iba a comprar a una tiendas del centro donde veía precios y comparaba sin que me salieran las cuentas. Incluso con descuento podía encontrar los mismos productos mucho más económicos. ¿En Internet? Si, pero también en otras ciudades que visitaba.

O simplemente iba a comprar y encontraba las tiendas cerradas. Claro no era el día en que llegaban cruceros y abrir solo para el cliente local no debería ser lo más rentable. Eso si cuando durante unas horas 6.000 visitantes abarrotaban el centro todos estamos abiertos.

Las rebajas no se lo que significan. Si veo los carteles, pero resulta que una semana después ya no están. Todavía en invierno se aguantan un poco más, pero en verano son una mera ilusión óptica. Se guarda todo y se adelanta lo máximo posible la temporada de invierno. Al fin y al cabo la ciudad está llena de centroeuropeos que cuando vuelvan a sus hogares van a utilizar estas prendas de abrigo.

Y así es un suma y sigue. Porque no afecta solo a los lugares más céntricos o turísticos. Como ocurre con la famosa rueda de la economía, los precios bajan si nos separamos de esta zona, pero se mantienen mucho más altos de lo que sería razonable para tener un buen margen de beneficios. Incluso los Outlets tienen precios que no son comparables a los de otras ciudades.

Por eso ahora no me da ningún reparo si tengo que comprar algo que necesito por Internet. Y no voy a ir a buscarlo a la tienda de barrio, ni al pequeño comercio del centro. Lo apostaron todo a un cliente que ya no está y lo que ofrecen no resulta atractivo para mi.

No son todos afortunadamente. Todavía queda una irreductible aldea gala de pequeños comercios que en su momento decidieron no poner todos los huevos en la misma cesta del turista y cuidar también al cliente local. A estos seguiré acudiendo, comprando y apoyando.

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