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Dame tu palabra

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El otro día, en representación de un cliente, mantuve una negociación a fin de saldar unas deudas económicas. Finalmente obtuve un acuerdo, que procuré fuera en primer lugar, beneficioso para mi cliente, y en segundo lugar beneficioso para la parte contraria, en definitiva, una negociación “ganar - ganar”.

Llegado el día del cumplimiento, la otra parte, después de haberse comprometido a realizar el pago, me dice que tiene una imposibilidad formal para llevar a cabo el mismo, una serie de problemas bancarios, y no podrá hacerlo, que lo hará en breve.

Obviamente, a partir de ese momento la otra parte, ha perdido toda credibilidad para mi, ya no volveré a confiar en él, pues al haber incumplido su palabra de realizar el pago en la fecha convenida ha menospreciado el acuerdo realizado, los esfuerzos que se emplearon para llevarlo a cabo, mi tiempo, el de mi cliente, el suyo propio, pero lo más importante, se ha menospreciado a sí mismo.

La experiencia me dice que en el mundo de los negocios lo más importante que tiene uno es su palabra, señal de compromiso e integridad. Las personas que optan por no respetarse a sí mismos, no alcanzarán ninguna meta económica u objetivo que se propongan, pues la palabra de uno es donde se basa otro pilar muy importante de las relaciones interpersonales que es la confianza.

Por lo tanto, cuidad mucho vuestra palabra, no la otorguéis en vano, es preferible un “no podré hacerlo” o “no me puedo comprometer” que un falso sí, a sabiendas que lo que decimos no podremos materializarlo, porque en primer lugar os traicionáis a vosotros y en segundo lugar impediréis que vuestro interlocutor vuelva a confiar en vosotros.

Imagen | Abenjumeda

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