
Tras la prohibición de fumar en el puesto de trabajo, estamos asistiendo a un hábito que se ha normalizado, el del flujo de empleados que recurrentemente ‘abandonan’ su puesto de trabajo para saciar sus ganas de fumar, un hecho que supone la pérdida de muchos minutos de trabajo al día, y muchas horas a lo largo del año, lo que genera una merma de la productividad para las empresas y un importante coste económico.
Leyendo sobre el asunto, me ha llamado la atención que la patronal alemana quiere poner coto a las pausas para fumar en el trabajo, una medida que tendría sus colaterales puesto que también puede atacar a la libertad de quienes quieren fumar e incluso discriminarles socialmente por este motivo.





