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En uno de mis últimos viajes a Marruecos volví a disfrutar de un arte que a mí me gusta practicar por esas tierras, el arte del regateo, dicen los que me conocen que soy un duro negociador y que siempre llevo al límite de la ruptura la negociación, incluso algunos me acusan de aprovecharme de la (supuesta) necesidad de vender de la parte vendedora para obtener un precio muy bajo cuando yo podría (dicen) pagar más por el sin problemas, yo no lo veo así.
No se si soy buen negociador o no, no me lo planteo, tampoco me importa mucho pues en ese país si lo hago es por su propia costumbre de hacerlo y también un poco por divertimento, no se supongo que como buen catalán que soy tengo ese toque de fenicio que siempre está negociando y es que ya se sabe que “la pela es la pela”, pero no es eso, a lo que me lleva a plantearme todo esto y en lo que discrepo de mis supuestas “artes”, es porque considero que cuando se cierra un precio, un pacto, el que sea, es que es conveniente para ambas partes, más o menos conveniente pero de buen seguro que nadie pierde, en caso contrario el otro no firmaría.
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