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La salida honrosa del empresario

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Uno de los aspectos más importantes que todo empresario debe tener en cuenta es que debe tener planificada una salida honrosa en caso de cierre de nuestro negocio. En España, donde la tradición empresarial es muy pequeña, no existe la cultura del fracaso y el fracaso, como tal y en todos los aspectos de la vida, pero sobre todo en el ámbito de los negocios, está muy mal visto, al contrario que en otros paises.

Aquí no se comprende que si una empresa se hunde, el empresario no se hunda con ella. Sin embargo la realidad es que no tiene por qué ser así y, siempre que se haga de manera legal y no se descapitalice la empresa para el beneficio particular del empresario, el propio empresario tiene derecho, y debe ser consciente de que, después del cierre de un negócio hay que seguir adelante, por lo que la ruina de la empresa no tiene por qué llevarse por delante al empresario.

Bill Gates, para ilustrar la dificultad de asegurar la sostenibilidad de cualquier empresa, siempre dice que actúa como si Microsoft estuviera a dos años de la quiebra. Por muy próspero que sea el negocio, por muy bien que hagamos las cosas, siempre pueden surgir imponderables que nos lleven al cierre, por eso siempre tenemos que tener un plan B y no estamos, como empresarios, obligados a apostarlo todo por nuestra empresa.

La crisis de crédito lleva a muchos empresarios a avalar préstamos para la empresa con su patrimonio personal. Este patrimonio puede provenir de su trabajo, de los beneficios obtenidos anteriormente o de otros negocios y, por supuesto, si apostamos por la sostenibilidad de nuestra empresa, es lógico que esa apuesta nos lleve a actuar de esta manera, pero, cuidado, debemos marcar un límite y no debemos permitir el todo o nada, sobre todo cuando podemos hipotecar nuestro futuro personal.

Esa salida honrosa es la planificación de cuál sería el peor escenario en el que nuestro negocio podría encontrarse, tener en cuenta lo que ese escenario podría suponer económica, organizativa y personalmente y procurar contar con las reservas suficientes para poder afrontar esa situación y solucionarla sin que las consecuencias nos marquen para el futuro.

Para todo empresario, su negocio, además de un trabajo, es una inversión y, como en toda inversión, hay un riesgo cierto de fracaso. El empresario tiende a procurar que las posibilidades de que ese fracaso llegue sean las menores posibles pero, como en cualquier otro tipo de inversión, y no habiendo logrado el objetivo que se planteaba en su momento, puede optar por no continuar con esa inversión, con el coste que eso suponga.

En Pymes y Autónomos | Kamikazes empresariales y financieros
Imagen | juan eduardo hernandez

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