En un principio fue el I+D, la Investigación y Desarrollo. Muchos hemos crecido con este mantra zumbando en los oídos. Pero cuando ya nos habíamos acostumbrado, van y nos meten una i minúscula. I+D+i, Investigación, Desarrollo e Innovación. Un círculo que comenzaba en palabras de Aho, expremier finlandés, metiendo dinero para obtener conocimiento (Investigación) y acababa introduciendo conocimiento para obtener dinero (innovación). Pues bien, ahora tenemos otro concepto, inoculado por Mario López de Ávila: I^3, otra suerte de circulo virtuoso.
Mario, profesor del IE y empresario, entiende desde hace tiempo que el I+D+i está un tanto sobado, de ahí que desde hace tiempo empezó a a hablar de I^2: innovación e internacionalización. La introducción de la variable comentada llamó mi atención, pues no era la primera vez que había escuchado aseveraciones semejantes por parte de gente muy distinta. Todavía recuerdo a quien me dijo muy tajante que un modo claro de saber si una empresa innovaba es comprobar que exportaba. Si innova exporta, esa era su máxima. Pero volvamos a Mario y a la necesidad de esa internacionalización:






