Yo, como muchos otros más, nos sentimos realmente importantes por ser españoles y cuando estamos en el extranjero no dejamos escapar la oportunidad para hacer proselitismo de las marcas españolas y las excelencias de nuestro país. A nuestra riqueza artística hay que unir la incomparable diversidad tanto natural como cultural, aunque nos empeñamos en destruirla en lugar de interpretarlo como un activo que a todos nos enriquece y nos hace ser más creativos que al resto de los países en todos los aspectos.
Solo nos falta creer en las ventajas que tiene la marca “España”, cuanto más viajo más percibo como en el extranjero envidian nuestra diversidad (y que insisto, nosotros somos incapaces de aprovechar adecuadamente) y que más allá del flamenco, el sol, el vino (apreciado y respetado en cualquier rincón del planeta) o el jamón, ibérico o serrano, (inolvidable experiencia para quien lo prueba) y fabulosos deportistas, España ofrece mucho más. Empresas competitivas, gente creativa y arriesgada (y la imagen del torero, más allá del tópico, representa la personalidad española).



