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Cuando ves llorar a un autónomo

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Hoy me he tomado una de las cañas más amargas que te puedes tomar con un amigo. Pedro, tiene un bar venido a menos por circunstancias que no vienen al caso, aunque pueden ser objeto de otro post, y prueba de esta recesión se ha tenido que deshacer de sus dos empleados este verano, cambiar la orientación del local y dedicarse él solo en cuerpo y alma a la gestión de su negocio.

El pasado jueves por la noche, yendo hacia su casa en un ciclomotor, la mala suerte y una deficiente señalización provocaron que tuviera una caida con la moto, se fracturara el hombro, el codo y tenga como mínimo para tres meses de baja. Las graves consecuencias económicas y laborales de este accidente se entienden perfectamente cuando la persona que te lo cuenta es tu amigo, te lo narra con la voz quebrada, con el brazo derecho en cabestrillo y con lágrimas de impotencia rodando por sus mejillas.

Lágrimas de impotencia porque su negocio está cerrado, no puede trabajar, su figura es casi imprescindible en la gestión diaria de su empresa y actualmente se encuentra totalmente desprotegido por la propia sociedad. Su desprotección se basa en la pérdidda global de ingresos que tiene, que os aseguro que el bar sólo le proporciona dinero para vivir, trabajando 15 horas al día, sino por las faltas de alternativas que ahora tiene para darle continuidad.

Su derecho a prestaciones se resumen en un 75% de la base mínima de cotización (a partir del día 21), a este importe le tiene que descontar los 260 euros de autónomos Le quedan poco más de 330 euros al mes, sin perder de vista que tiene que contratar a 1,5 personas para que regenten totalmente su bar, cubrir sus costes de personal y seguir manteniendo la nueva línea de negocio que ha marcado.

Es duro encontrarse en esa situación, donde un fatal accidente puede truncar totalmente tus opciones económicas. Duro, muy duro, encontrarse totalmente hundido e impedido para desarrollar tu profesión. Pero tal y como le he dicho hoy, hay que levantarse de todas las caidas y seguir mirando adelante, al futuro, encajar los golpes de manera estoica, apretando los dientes y seguir trabajando para recuperar la salud, tu negocio y tu vida.

Animo Pedro, que las lágrimas de impotencia pronto se tornarán en lágrimas dulces de victoria frente a la lucha diaria.

Vídeo | Youtube
En Pymes y Autónomos | La infracotización y sus peligrosas consecuencias

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