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¿Existe la conciliación de la vida familiar y laboral?

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Según el Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades, sí. Y para muchas empresas que cumplen con las leyes establecidas. La Ley para la Igualdad eleva a la categoría de derechos los diferentes instrumentos de conciliación de la vida personal familiar y laboral a los trabajadores y a las trabajadoras para fomentar la asunción equilibrada de las responsabilidades familiares, evitando toda discriminación basada en su ejercicio.

La regulación de los derechos específicos de conciliación está establecida en el Estatuto de los Trabajadores para toda persona trabajadora en el ámbito privado y para el personal al servicio de las administraciones públicas en el Estatuto Básico del Empleado Público.

Los convenios colectivos pueden, en su respectivo ámbito de aplicación, ampliar estos derechos y en algunas ocasiones los mismos exigen su concreción en los acuerdos colectivos.

¿Existe cultura de conciliación en el ámbito laboral?

Desde el momento en el que en un puesto de trabajo, a una mujer le preguntan si está esperando un hijo o piensa tener alguno en el futuro, no, no existe ni igualdad, ni mucho menos intenciones de que la conciliación vaya a formar parte de la filosofía de la empresa.

Mientras que sea la mujer la que se haga cargo del cuidado de los enfermos dependientes en su familia, con la carga física y psicológica que conlleva esa situación, no, no habrá conciliación familiar/laboral posible.

De nada sirve que las niversidades estén llenas de mujeres, que su preparación sea elevada, su trabajo eficaz. Si en un momento determinado, un hijo, un padre, requiere de sus atenciones, será ella la encargada de atenderlo por ese rol que la sociedad a lo largo de los años ha impuesto como una obligación por su parte.

Algunos hombres se muestran asombrados cuando ven un parón en la vida laboral de una mujer: ¿Qué le ha pasado? ¿Por qué ni siguió escalando puestos? ¿Por qué si parecía tener una carrera con futuro, parece que abandonó toda ambición laboral?

Por una razón sencilla: porque compatibilizar tantas tareas y responsabilidades, impiden que una mujer pueda subir peldaños a la misma velocidad que un hombre. El desgaste emocional que produce, por ejemplo, atender a una persona enferma en el núcleo familiar a veces, resulta incompatible con la dedicación a un trabajo al 100%.

Si hombres y mujeres se dedicaran por igual a este tipo de cuidados, la sociedad se vería favorecida. ¿Por qué ha de ser la mujer la primera que sacrifique su lugar en el mercado laboral ante una situación de este tipo?

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Imagen|Wuniatu

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