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El gran inconveniente del autónomo, el desgaste emocional de no desconectar nunca
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El gran inconveniente del autónomo, el desgaste emocional de no desconectar nunca

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Cuando se habla de los inconvenientes de ser autónomo surgen muchas quejas. Sobre todo relacionadas con dos conceptos, lo que tienen que pagar, impuestos, seguridad social, etc. Y también lo que cuesta que les paguen. Se habla de trabajar muchas horas, de no tener vacaciones o no tener a final de año la liquidez que su esfuerzo merece. Pero pocas veces se habla del desgaste emocional como el gran problema del autónomo.

Más allá de las horas que se trabajen, lo malo es que se llega a casa y se sigue pensando en las tareas pendientes. Cuando no directamente nos ponemos a trabajar en otras cuestiones que tienen que ver con la gestión del mismo, como puede ser las administrativas, facturación, presentación de impuestos, etc. u otras que pueden ser más livianas, como entrar en las redes sociales para cultivar nuestra marca personal .

Recuerdo que hace muchos años le preguntaban al director del equipo ciclista hoy Movistar, antes Reynolds, José Miguel Echevarri por qué Miguel Indurain, siendo el mejor ciclista del momento no corría más o no se le programaba un calendario más allá de alcanzar su mejor pico de forma en el Tour. Explicaba Echevarri que Indurain era como una bombilla, si queremos que dure muchos años, tenemos que encenderla solo un rato a máxima potencia durante todo el año.

Desconectar para mejorar nuestro tiempo de respuesta

Nuestra mente funciona más o menos igual. Es complicado tener momentos álgidos de lucidez, donde tengamos la agilidad mental necesaria para resolver problemas complejos si constantemente estamos pensando siempre en temas de trabajo. Esto implica que simplemente funcionamos más despacio, nos cuesta dar con la solución. Podemos pasar un día completo obsesionados con un problema, y a la mañana siguiente, cuando estamos en la ducha o desayunando tranquilamente dar con la solución.

Los autónomos sufren este problema especialmente. En primer lugar porque su jornada laboral suele ser muy extensa. Porque los fines de semana más cortos y las vacaciones inexistentes en muchos casos. Y esto supone un desgaste muy importante. Uno de cada dos autónomos reconoce que no desconecta nunca.

Delegar, no se quiere, no se puede, no se sabe

Lo ideal sería que el autónomo pudiera delegar parte de su trabajo, pero esto es muy complicado. En ocasiones simplemente porque están solos. No se puede. Pero aun así hay algunos que lo quieren hacer todo ellos, desde contabilidad, impuestos, hasta el diseño de su web. Y no por hacerlo nosotros ahorramos tiempo, ni en la mayor parte de las veces dinero.

El autónomo no tiene por qué ser un hombre orquesta y tocar todos los instrumentos

Luego están los que no saben delegar. Simplemente no son capaces de ceder parte de la responsabilidad. No se trata de que no confíen en la persona a la que pueden delegar, sino que muchas veces temen que si ellos no están al frente las cosas no saldrán bien. Es algo que se puede hacer poco a poco, que se tiene que trabajar para que por una parte el autónomo vea que no pasa nada si el no está al pie del cañón y por otra su empleado tenga la confianza suficiente para llevar a cabo el trabajo correctamente.

Por último están los que no quieren delegar. Y aquí ya es un problema más importante, porque muchas veces ponen la excusa en los demás, "si yo no estoy esto se hunde", pero la realidad es otra. Se llega a la paradoja de contratar a persona menos capaces para que ni cuestionen sus decisiones ni sea posible delegar en ellos por falta de conocimientos o destreza para llevar el trabajo a cabo.

Del autónomo en modo Dios también se puede salir

Parece que son autónomos en modo Dios, omnipotentes y omnipresentes. Pero la realidad es otra. Si no se identifica el problema y se pide ayuda es muy complicado revertir la situación. Y esto solo acaba cuando estalla, se cae en una enfermedad o crisis profunda, muchas veces en forma de depresión.

Cuando ya existe un síntoma tan reconocible se toman medidas. El problema es que antes de esto, el autónomo tiene que aprender a relajarse, a olvidarse al menos unas cuantas horas al día de su trabajo. A desconectar por completo. Muchos utilizan el deporte como catalizador, especialmente los deportes de equipo. Si se trata de correr, de montar en bici o algo que podemos hacer nosotros solos, es más complicada esa desconexión.

Es habitual que el autónomo en algún momento eche la vista atrás, haga cuentas y piense que para lo que al final ingresa cada mes no le merece la pena tanto esfuerzo. Entonces a la primera oportunidad que tiene, comienza a trabajar por cuenta ajena, donde desconectar resulta un poco más fácil.

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Imagen | TeroVesalainen

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