
Este fin de semana, en un viaje por tierras sevillanas, cogimos un taxi cuatro personas para desplazarnos desde el hotel al centro para cenar. Nos subimos, le damos la dirección, el taxi arranca pero este taxi llevaba ocultos los cinturones de seguridad traseros con una funda. Coincide que en el asiento central posterior se colocó Daniel Seijó, un verdadero gurú del mundo del motor y que le preocupa su seguridad, hasta el punto de ponerse de manera automática el cinturón incluso para desplazamientos cortos urbanos (vamos, tal y como deberíamos hacer todos), pero claro, en este taxi no se podía colocar el cinturón y se lo dijo al taxista.
La protesta de Dani, no se hizo esperar y la solución del taxista fue la rápida. “No te preocupes que aquí no multan por eso” con un tono de chulería bastante desagradable. Es probable que en Sevilla no multen por ese motivo, no lo discuto dado que no lo sé, pero el problema radica en la propia seguridad del cliente, no en la economía de las multas.


