
Había una vez un país en el que habitaban unos habitantes malos, muy malos, tan malos que pensaban que a los trabajadores no se les debería premiar por su puesto o antigüedad sino por su rendimiento, pensaban que el esquema habitual implantado de salario fijo obligatorio estaba obsoleto y que se debería caminar hacia un modelo de salario variable en el que se premiasen los resultados y en el que se creciese con los resultados, estos habitantes, que no eran otros que (algunos) empresarios del lugar, a pesar de tener nobles intenciones fueron tratados de esclavizadores. ¿Y yo me pregunto hasta donde hay cuento y hasta donde llega la realidad?, ¿hasta dónde se puede hablar de esclavitud cuando el empresario lo que busca es que todos ganen al máximo, pero no enriqueciéndose empobreciéndole a él?
Esta introducción a modo de cuento bien puede servir para introducir un tema que no esconde otra intención que lograr aumentar la productividad y la competitividad de nuestras compañías y que nos debería hacer ganar a todos, y que solo debería ser rechazado por aquellos que quieran seguir viviendo de prebendas, sin mirar resultados, pero que debería ser asumido sin miedo por la mayoría de los trabajadores y empresarios, afortunadamente hemos avanzado mucho, pero aun queda camino por recorrer, no hablo de otra cosa que del peso en los emolumentos que debería tener el salario variable.




