
Esta mañana he asistido involutariamente a una conversación telefónica entre un empresario y un encargado de delegación que trabaja en la empresa. La conversación (o rapapolvos diría yo) versaba sobre el descontrol existente en los gastos asociados a cada coche, en el consumo de gasolina fundamentalmente y en que no se habían puesto en marcha las medidas propuestas por la dirección (él vamos).
Las medidas propuestas por este hombre para controlar los gastos de cada coche y especialmente el consumo de gasolina funciona mediante el siguiente protocolo: libretiilla para anotar la ruta que se hace cada día y los kilómetros realizados, hoja en la que se anote el coste de cada repostaje con el parte de caja (los trabajadores que usan los coches cogen dinero en efectivo para repostar) y otra hoja adicional para anotar las reparaciones, multas y operaciones de mantenimiento. Evidentemente, el mecanismo de control propuesto por este empresario no sirve para nada. Veamos porqué.



