
Cuando nos sobreviene un pico de trabajo y nos ofrecen ayuda, muchas veces escuchamos demasiado a nuestro ego y la rechazamos reafirmándonos en que nosotros solos prescindiendo de esa ayuda somos capaces de sacar el trabajo adelante. Una decisión a veces aventurada que puede jugarnos malas pasadas puesto que puede desencadenar en consecuencias muy negativas como el descrédito a la hora de cumplir plazos (a los que no hemos llegado por prescindir de ayuda adicional), una disminución de la calidad de nuestro trabajo al comprometernos a más de lo que podemos, e incluso afectar a nuestro estado de ánimo, al tener que vivir en una situación de estrés constante que tan poco favorece las relaciones laborales.
Hay que partir de la base de que cuando se nos ofrece ayuda adicional es porque desde arriba se han cerciorado de que realmente esta es necesaria, por lo que no debemos entenderla como un desafío ni una prueba para evaluar nuestra eficacia y capacidad de afrontar determinadas ‘crisis’, sino más bien lo contrario, porque prefieren que nos centremos en la gestión del problema y que derivemos al mismo tiempo el trabajo de ‘volumen’ en el apoyo que se nos proporciona.








