
Remo nos acaba de recordar la existencia de un Instituto público, el ICEX, referencia obligada si hablamos de exportación. Pues bien, si la exportación es una de las asignaturas obligatorias de la pyme española y este organismo puede serle de gran ayuda, no podemos olvidarnos de otra materia fundamental, la eficiencia energética, y el equivalente al ICEX en dicha competencia de la Administración, el IDAE: Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía.
El IDAE, como su propio nombre indica, desarrolla su actuación en el ámbito de la energía. Podríamos hablar de dos grandes lineas: por un lado el impulso a las energías renovables , y por otro el del ahorro energético. Para conseguirlo, y al margen de la campañas de sensibilización, formación, se constituye en el brazo financiero del Ministerio de Industria a la hora de financiar y ejecutar proyectos. Y este es un campo de especial interés para las pymes. ¿Cuáles son esas lineas de financiación para ese tipo de proyectos?



La inmensa mayoría de nosotros presentamos “actitudes ecólogicas” en nuestras casa, como apagar las luces que no son necesarias, utilizar bombillas de bajo consumo, sistemas aislantes que evitan la pérdida de frio-calor; pero, ¿extrapolamos estas medidas a nuestras oficinas?
Con solo unas cuantas pautas a seguir puedes reducir notablemente el consumo energético. Y no hablamos de instalar la famosa energía solar (bajo mantenimiento y 30 años de vida pero muy costosa todavía) sino de optimizar el uso de los aparatos que ya tienes: ordenador, fax, fotocopiadora, teléfono… Lo primero: si toca renovación de aparatos eléctricos fíjate que lleven la etiqueta de ahorro energético de clase A. Si no toca o ya los tienes estos son los consejos:
Transportistas, taxistas, trabajadores que se desplazan cada día a sus empresas, etcétera… lo veían venir. Llevaba un año subiendo sin parar (en torno a un 30% en solo doce meses) y, por primera vez, el litro de diésel es más caro que el de gasolina sin plomo. Hace unos años, el saber popular decía que si hacías más de 20.000 kms. al año, compensaba pagar la diferencia de precio que existía entre un motor gasolina y uno diésel. ¿Pero que hay o había de cierto en todo esto? Los datos que sustentaban dicha creencia tenían su origen en los siguientes datos más o menos objetivos: