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Así deben actuar las empresas para respetar la garantía de protección del trabajador

Asi Deben Actuar Las Empresas Para Respetar La Garantia De Proteccion Del Trabajador
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Javier Ruiz

Presentar una queja o una reclamación laboral no debería tener consecuencias negativas, pero en la práctica muchos empleados siguen temiendo hacerlo. Para evitarlo, la legislación española reconoce la protección frente a represalias laborales, un principio que impide a las empresas castigar a un trabajador por reclamar un derecho o denunciar una irregularidad.

Sin embargo, la llamada garantía de indemnidad, reconocida por el Tribunal Constitucional y por el Estatuto de los Trabajadores, sigue enfrentándose a obstáculos en la práctica, como las denuncias por acoso laboral en grandes empresas o la penalización indirecta de quienes ejercen derechos de conciliación, como las bajas de maternidad o paternidad.

Qué significa esta protección

La garantía de indemnidad —o protección frente a represalias laborales— tiene como finalidad asegurar que nadie pierda su empleo ni vea empeoradas sus condiciones por haber presentado una reclamación ante la empresa, la Inspección de Trabajo o un juzgado.

En pocas palabras, es la garantía de protección del trabajador ante quejas o denuncias, que asegura que nadie pueda ser sancionado, despedido o trasladado como castigo por haber ejercido sus derechos laborales.

El principio deriva del artículo 24 de la Constitución Española, que reconoce el derecho a la tutela judicial efectiva, y está integrado en el Estatuto de los Trabajadores como una extensión de los derechos fundamentales en el ámbito laboral.

En ningún caso tiene relación con el pago de una indemnización, sino que su objetivo es proteger los derechos: de este modo, si una pyme o un autónomo empleador toma medidas disciplinarias poco después de que un trabajador haya presentado una reclamación sin una causa clara, los tribunales pueden entender que se trata de una represalia.

Aplicación y consecuencias

La protección se activa cuando un trabajador presenta una reclamación o denuncia formal y, poco después, recibe una medida que le perjudica (por ejemplo, despido, bajada de categoría o traslado injustificado).

En esos casos, la ley presume que la actuación de la empresa puede ser una represalia y, si un juez lo confirma, el despido o la sanción se declaran nulos. Esto implica que el trabajador debe ser readmitido y recibir los salarios dejados de percibir desde el despido. La empresa solo puede evitarlo si demuestra que la medida se tomó por motivos objetivos y ajenos a la queja.

En la práctica, esto obliga a las pymes a documentar cuidadosamente cada decisión que afecte a un empleado, especialmente cuando haya conflictos o reclamaciones recientes.

Los pequeños negocios y las microempresas deben tener presente la garantía de seguridad jurídica del trabajador, pero, además, deberán actuar con prudencia y transparencia en situaciones sensibles.

Algunos errores comunes son:

  • Despedir "en caliente" tras una reclamación, que pueden interpretarse como represalia
  • No justificar por escrito cualquier sanción o cambio de condiciones, con motivos objetivos (rendimiento, necesidad organizativa, etc.).
  • Obviar una consulta de asesoría laboral antes de aplicar medidas disciplinarias.
  • No contar con protocolos internos de comunicación que faciliten resolver conflictos sin llegar al juzgado.

La Inspección de Trabajo puede imponer sanciones económicas en estos casos, además de que los tribunales suelen ordenar la readmisión inmediata cuando se acredita una vulneración de derechos.

De cara a las empresas, se aconseja asesoría, no precipitar decisiones tras un conflicto y mantener un registro claro, mientras que los trabajadores deberían realizar las quejas por escrito y conservar copia, utilizar los canales oficiales o recurrir a la Inspección de Trabajo y buscar asesoría sindical o jurídica si sospechan de represalias.

La garantía de protección del trabajador ante quejas o denuncias es una pieza esencial del equilibrio laboral, que protege a quien reclama y obliga a las empresas a actuar con transparencia.

Para las pymes y autónomos con empleados, conocer y respetar este principio no solo evita sanciones, sino que mejora la convivencia y la confianza en el equipo: no hay que olvidar que una reclamación no es un ataque directo, sino una forma legítima de ejercer y defender los derechos laborales.

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