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Lo absurdo del control de entrada y salida

Lo absurdo del control de entrada y salida
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Muchos me han acusado y me acusarán de que no defiendo los derechos de los trabajadores, muchos pensarán que soy una especie de explotador o algo parecido, y es bien cierto que no comparto las prebendas sociales, ni gran parte de como están configuradas las relaciones laborales en la actualidad, pero eso no quita que por ejemplo consideré de lo más absurdo aquellas empresas que en un exceso de celo y control ponen sistemas de control en la entrada y salida de los trabajadores.

Yo entiendo las relaciones laborales como una relación de igual a igual y en la que como he dicho muchas veces una persona presta sus servicios profesionales a otra persona o ente que precisa de esos servicios profesionales. Sin que exista ni subordinación de una a otra parte, ni tampoco dependencia u obligaciones más allá de las pactadas entre sí, y entre estas se encuentra la jornada laboral, y por ello entiendo que es responsabilidad del prestador de servicios cumplir adecuadamente con su jornada.

Soy consciente de que en la práctica las relaciones laborales no se entienden en su totalidad como las entiendo yo, y por tanto no se entienden como un conjunto de autónomos prestando servicios, sino que se entienden como una persona que está a las órdenes de otra que se las da. Y que para que estas ordenes se cumplan uno tiene que mandar, el otro obedecer y ser responsable, y lo que sucede es que ni unos saben mandar, ni en muchas ocasiones los otros ser responsables.

Por supuesto, que de ahí, de esa concepción de subordinación y de trabajo por horas y no por productividad, deriva el control horario, pero es que yo ni entiendo el concepto de subordinación, ni de trabajar por horas, considero que hay una tarea a desarrollar y se desarrolla sin pensar en horarios, y se desarrolla sin ordenes, simplemente uno que no puede desarrollar solo la tarea, subcontrata a otro, y el otro es responsable de desarrollar su parte de la tarea, cada uno su función, sin ordenes, sin ataduras, sin máquinas que controlen quién entra o quién sale.

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Imagen | Barquisimeto–Ciudad Crepuscular

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