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Conciliación y horarios, en la pandemia pagamos lo mal que lo hemos hecho durante años

Conciliación y horarios, en la pandemia pagamos lo mal que lo hemos hecho durante años
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Llevamos años hablando de cambio de horarios, de facilitar la conciliación en las empresas. Y sin embargo hemos avanzado poco o nada. Alargamos el tiempo del trabajo mucho más allá de las 8 horas diarias, se establecen turno partidos y al final salimos de casa cuando todavía no ha amanecido y volvemos con el tiempo justo para ducharnos y cenar. Con la conciliación y los horarios laborales pagamos en la pandemia lo mal que lo hemos hecho durante años.

Porque llevamos años mirando hacia otro lado, sin tomar decisiones adecuadas. Y todo además sabiendo que no somos más productivos por alargar los horarios. Lo peor de todo es que en muchos casos se hace por costumbre, el presentismo es obligado si queremos ser bien vistos en la organización o considerados para un ascenso.

Si tienes hijos pequeños haciendo malabares, trasladando también a ellos estas jornadas escolares interminables y a los abuelos la responsabilidad de cuidarlos varias horas al día. Equilibrios de horarios entre ambos progenitores, que al final trasladan un estrés que se vuelve insoportable y afecta de forma notable a su trabajo en la empresa.

Y esto en situaciones normales, si todo cuadra más o menos con nuestro plan de vida. Porque como algo se descabale, como está ocurriendo en la pandemia, entramos en la espiral del caos. Un cambio de horario escolar supone reestructurar todo nuestro plan de trabajo. Si no contamos con flexibilidad en la empresa la cosa se complica.

Lo peor es que me temo que no tendremos remedio. Hemos trabajado desde casa por obligación y reproducido parte de estos vicios de horarios infinitos. Todo esto pasará y volveremos a lo de antes, una jornada laboral que ocupa en exclusiva más de la mitad de nuestro día... Si pensamos que tenemos que dormir, asearnos, comer.. apenas queda margen. No pensamos en jornadas continuas, en reducir horarios a 7 horas o trabajar 4 días a la semana como ya se ha ensayado con éxito en otros lugares.

Afortunadamente no todas las empresas son así. Muchas han cambiado su cultura buscando más resultados que llenar la oficina de empleados calentando la silla o haciendo vida social alrededor de la máquina del café. Pero mientras no exista un consenso social, veo complicado que la jornada laboral en lugar de terminar de media a las 6 o siete de la tarde acabe a las tres o las cuatro.

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