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Gestionando una colonia de leprosos

Gestionando una colonia de leprosos
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Recientemente colgué un post titulado Discurso a una colonia de leprosos. En el mismo colgaba un discurso de un film bélico. Si recordáis, en el mismo, un oficial se hace cargo de lo que algunos denominarían el batallón de los torpes, y en la película, muy gráficamente, una colonia de leprosos. La obra es usada en Harvard como soporte para desarrollar un caso, tal y como nos comentaba Javier, que aprovechaba para marcarse un señor post sobre la gestión de los grupos conflictivos.

El post de Javier me parece muy sugerente. Se sale de lo habitual, del champú de moda en las peluquerias de RRHH, y es ciertamente provocador. Como la película, que sin duda hoy en día no sería financiada, por no ser políticamente correcta. Y sin embargo, ambos, post y película, afrontan una realidad de lo más frecuente, de lo más habitual que nos podemos encontrar en materia de gestión empresarial. Y más nos vale tener ideas claras al respecto si no queremos sufrir más de la cuenta:

  • Lo habitual es que tarde o temprano a uno le toque lidiar con este tipo de grupos. Y normalmente más bien pronto que tarde. Cuando uno empieza a trabajar no le suelen dar la joya de la corona. Todo lo contrario. Le asignan un departamento, un área comercial, un grupo de clientes o de proveedores no especialmente lucido. Digamos que no sueles tener los problemas que va a tener Pellegrini en el Real Madrid. Por tanto, si no os ha tocado sois afortunados, pero no cantéis victoria.
  • Comparto con Javier esta afirmación: Dejar claro que el comportamiento de gente que no trabaje en equipo ni juegue para ganar no debe ser permitido. Muy cierto, y sin embargo, en el día a día empresarial lo que se observa es justo lo contrario. Al que funciona, al que trabaja, al que curra, al que se implica, se le dobla, se le triplica la carga de trabajo, echándole encima muchas veces la correspondiente al que no lo hace, pero que, mira tu por donde, no se adoptan medidas contra el, no vaya a ser que se coja la baja, o monte un pollo, o. La frase clásica es que pobrecito, no se le pude pedir más. ¿Cuáles son las consecuencias? Qué la enfermedad se extiende, que los elementos valiosos acaban contagiados o fuera de la empresa. Más de uno debería recapitular que es más costoso, si mantener a esa gente en la empresa o sacarla fuera de la misma.
  • Evidentemente, el punto anterior debe ir precedido por el ofrecimiento de oportunidades. En más de una ocasión he contemplado como quien había sido calificado laboralmente como amortizable se convertía en alguien brillante. Bastaba con un cambio en el liderazgo del grupo, o en las funciones que tenía encomendadas por otras más acordes con su carácter, o…por cierto, que entonces jamás he visto que vayan a buscar a sus anteriores responsables para pedirles explicaciones.
  • Entiendo que la configuración de esa grupo de castigo del que habla la película es la última etapa antes de darles finiquito laboral. Una suerte de corredor de la muerte, de batallón de castigo, de legión extranjera. No lo acabo de ver claro. Una cosa es que te toque gestionar un grupo complicado y otra es que la propia organización configure ese tipo de grupos adhoc. Si, es posible que se forme ese espíritu grupal, pero quizás no coincida para nada con los intereses de la empresa, y puede convertirse en un elemento muy desestabilizador. Tendría cuidado con ese tipo de experimentos.

Vía | El Blog de Javier Megias
En Pymes y autónomos | Discurso a una colonia de leprosos

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