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Criterios de valoración contables: el coste histórico

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A la hora de representar la imagen fiel de una determinada compañía y de que la información contable sea realmente relevante para la toma de las decisiones empresariales y financieras acordes a cada momento, es necesario que cada uno de los elementos tanto del pasivo como del activo estén valorados de forma adecuada.

Para lograr este objetivo, existen una serie de criterios de valoración dentro del marco conceptual de la contabilidad generalmente aceptados para lograr este objetivo. Entre ellos, uno de los más extendidos y fáciles de aplicar por parte de las empresas es el criterio del coste histórico.

El coste histórico o coste de un activo es, o bien su precio de adquisición o bien su coste de producción. Es el criterio de valoración más objetivo que existe, puesto que su imputación se basa en un coste conocido, además de ser uno de los costes más sencillos de conocer, más económicos y más respetuosos con los principios contables.

Sin embargo, el coste histórico no es consistente ni del todo válido en períodos de inestabilidad financiera o de una alta inflación.

Precio de adquisición

El precio de adquisición está formado por:

  • El efectivo pagado (o pendiente de pagar) a la hora de realizar la adquisición del activo.
  • El valor razonable del resto de contraprestaciones comproprometidas derivadas de la adquisición, debiendo todas ellas estar relacionadas de forma directa con ésta y ser necesarias para la puesta en marcha del activo en condiciones operativas.

Por ejemplo, si una empresa adquiriese una maquinaria por la cual debe pagar en el momento actual 10.000 euros, después de deducir diversos descuentos de 2.000 euros y aplaza el pago de 5.000 euros adicionales para dentro de seis meses. Los gastos de transporte, instalación, etc. son de 3.000 euros y están pendientes de pago. En este caso, la empresa deberá reflejar un activo en balance por valor de 18.000 euros (10.000 + 5.000 + 3.000).

Coste de producción

El coste de producción incluye, en este caso:

  • El precio de adquisición de las materias primas y otras materias consumibles.
  • El precio de los factores de producción directamente imputables al activo, como mano de obra directa.
  • La fracción que razonablemente corresponda a los costes de producción directamente relacionadas con el activo por ejemplo, con criterios de contabilidad de costes.

Por ejemplo, imaginemos una empresa fabricante de muebles. El coste de materia prima consumida ha sido de 5.000 euros, el coste de otros materiales consumidos en su fabricación es de 2.000 euros y el coste de la mano de obra directa asciende a 3.000 euros. Por otra parte, la fracción de los costes indirectos de producción correspondientes al período han sido 1.500 euros, pero únicamente el 80% de los mismos se basa en el nivel de utilización de la capacidad normal de trabajo de los medios de producción utilizados. El coste de producción (coste histórico) por el que es necesario se imputará el activo en balance será de 11.200 (5.000 + 2.000 + 3.000 + 1.500 x 80%).

Coste histórico del pasivo

Por último, el coste histórico también se aplica en la valoración de los pasivos. El coste histórico o coste de un pasivo es el valor que corresponda a la contrapartida recibida a cambio de incurrir en la deuda o, en algunos casos, la cantidad de efectivo y otros activos líquidos equivalentes que se espere entregar para liquidar una deuda en el curso normal del ejercicio.

En Pymes y Autónomos | La importancia de la información contable relevante y fidedigna Imagen | jarmoluk

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