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Motivos para sentirse como Mr. Scrooge en una empresa cool y precaria
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Motivos para sentirse como Mr. Scrooge en una empresa cool y precaria

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Son varios los artículos que se han centrado en esta nueva era de pymes que tratan de imitar a las grandes multinacionales. Comienzan por crear un clima laboral más propio de un parque temático, pero hasta ahí llega la imitación. No soy Ebenezer Scrooge creado por Charles Dickens. Paparruchas.

Pero tampoco me creo el cuento de que por trabajar en un ambiente que recuerda a feria de Navidad, mi cuenta corriente crezca, al revés. El trabajo precario aumenta en España a la misma velocidad que se venden tazas con el lema: "Un día sin sonreír es un día perdido"

Explotación cool, nada nuevo bajo el sol

Este término lo ha acuñado Miguel Gómez Garrido en un fanzine titulado Memorias de un teleoperador. Confieso que no lo he leído pero aunque abandere el trabajo precario del siglo XXI en empresas con microondas, al ser más mayor sólo me queda intentar darle un abrazo virtual.

Las empresas cool, o que aspiraban a ello, también existían a finales del siglo XX. La estrategia era llenarte la cabeza de promesas, por supuesto contar con un entorno guay, lleno de paredes de cristal, donde todos parecían llevarse genial e iban al mismo gimnasio.

¿Su objetivo? Evitar por todos los medios hacerte un contrato, pagarte en negro y tratar de sustituir un sueldo y un alta en la Seguridad Social por asistir a eventos o conocer a gente famosa como si eso pagara tus facturas o te diera de comer. Revista de moda, la llamaban. Pero quien dice revista, puede sustituir por tienda de muebles, visionarios que eran consultores antes de que la palabra se pusiera de moda, etcétera.

Nuestros padres eran millonarios a nuestro lado

Siempre se habla de los jóvenes pero los que hemos cumplidos los 40, nos tomamos con retranca eso de que el trabajo precario haya llegado como una nueva y lamentable moda. Al revés, ya existía pero como a unos pocos les iba bien, el resto pasaban desapercibidos.

Al terminar una carrera compaginada con diferentes trabajos, una cree que está curtida en mil batallas y que vivirá mejor que sus padres, por una cuestión de lógica: a mayor preparación, mejora de sueldo y de oportunidades. Qué cándidos hemos sido.

Trabajo precario o desempleo, tú eliges

Inventar tu trabajo, ser tu propio jefe, ser freelance, administrar tu tiempo, huir del presentismo..., todas esas lindezas que nos han vendido suenan muy bien, pero trasladas a la realidad y a este país, no son factibles. No son rentables. ¿Cuántos freelances llegan a fin de mes sin problemas económicos?

La precariedad laboral, llegó en el momento en el que comenzamos a aceptar sueldos bajos con tal de hacer algo.

"Doy gracias de tener un trabajo" es la frase favorita de quienes tienen como objetivo explotar a un empleado.

La desesperación se huele a kilómetros y ese buen jefe sabrá que podrá pedirle lo que sea que lo hará porque no tiene el talento ni el capital del creador de Facebook.

Y peor aún, necesita el dinero para alimentarse. Ni siquiera hablamos de pagar la hipoteca, eso ya pasó a la historia, ahora se trata de pagar un alquiler carísimo y poder llenar el frigorífico.

El precariado, Guy Standing y los trabajos inseguros

Guy Standing trabajó más de 30 años como investigador en la Organización Internacional del Trabajo, es conveniente decirlo cuando ahora aparecen expertos de la felicidad, del buen rollismo que escriben un libro hueco y viven el resto de su existencia de dar conferencias sobre algo absurdo.

Guy Standing, sabía de lo que hablaba en 2011 cuando explicaba qué características definían a esa nueva clase que ya no se sentía identificada con el viejo proletariado y que había descubierto que la sociedad no era capaz de cumplir sus promesas de mejora social y prosperidad.

El problema radica en que los partidos políticos se apropian de las ideas lúcidas y de las respuestas que queremos oír para ganar votantes

Lo que necesitamos son empleos dignos, facilidades para la creación de empresas, menos obstáculos a los autónomos, nula compasión y que no se nos vea como seres débiles y sí con respeto.

Y eso no se consigue por muchas luces o frases de Mr. Wonderful que inunden la compañía o las redes sociales, ni con fotos de empleados sonriendo, cuando sonreirían mucho más si a final de mes su sueldo fuera similar al que cobraban sus padres hace veinte años.

¿De veras se puede llegar a creer que una persona prefiera vivir gracias a un prestación que a tener un trabajo con un salario digno?

Por supuesto que hay gente para todo, pero una gran mayoría se decantaría por hacer a diario lo que mejor sabe, contribuir a la sociedad, y lo más importante: sentirse útil y valorado pero de palabra y hecho, es decir con dinero suficiente como para vivir con dignidad.

Imagen|Pixabay

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