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Levantar el pie del acelerador

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Y lo haremos literalmente, según palabras pronunciadas en el día de ayer por Miguel Sebastián, Ministro de Industria, Turismo y Comercio, con el objeto de reducir el consumo de petróleo y por lo tanto la dependencia económica de nuestro país de este carburante.

Para ello propone una serie de medidas, entre las cuales destaca sobre todas la siguiente:

"Para fomentar una conducción eficiente en términos de consumo energético se presentará, en el plazo de 3 meses, una propuesta para reducir los límites de velocidad en un 20% de media en el acceso a las grandes ciudades y su circunvalación y en las vías de gran capacidad".

Aunque a priori, dicha medida puede parecer que no tiene una influencia negativa para los empresarios y trabajadores (en principio va a suponer un ahorro de costes, pues van a necesitar menos gasolina o gasoil para recorrer el mismo trayecto), no es cierto y sí que les afecta.

Un ejemplo, lo tenemos en Barcelona. Desde el año pasado existe un límite de velocidad de 80 Km/h en 20 municipios del área metropolitana de Barcelona con el objetivo de reducir la polución. Para quién no lo conoza, la corona de Barcelona es un área altamente industrializado con un tráfico enorme en ambos sentidos. Aunque se levantaron voces acreditadas, como el RACC, sobre el dudoso cumplimiento del objetivo, la medida se llevó a cabo.

La reducción de 120 km/h a 80 km/h a supuesto en muchos casos invertir más de 20 minutos (estimados) por trayecto. Y esto tiene una consecuencia brutal tanto en el transporte de personas como en el sector logístico o de reparto.

Si nos centramos a nivel personal, algo que afecta a todos por igual, podemos señalar que algunos empleados y empresarios optaron por el transporte público, pero la implementación de la medida se llevó a cabo cuando el propio transporte público (léase Renfe) todavía no se encontraba en su mejor momento y el gobierno autonómico y el central no dejaban de lanzarse la pelota unos a otros, por lo que en muchos casos no existió esa posibilidad. Además hay que señalar que el transporte público no está preparado para acoger a todos aquellos que decidan prescindir del vehículo. A los anteriores, hay que añadir que hay una serie de personas que por las circunstancias que sean, sus hogares no están bien comunicados, por lo que no pueden prescindir del vehículo en sus desplazamientos.

Por lo tanto, ya tenemos que tanto empleados como empresarios, destinan 40 minutos diarios más a sus desplazamientos diarios en pro del ahorro energético y a cambio de su tiempo de ocio/familiar/etc.

Así, por una parte, habremos reducido la contaminación y el gasto energético (aunque como he dicho antes hay disparidad de criterios al respecto) pero a cambio de que todos hayamos dedicado 40 minutos más de nuestro tiempo a ello.

Los camiones tardarán 40 minutos más en sus rutas, con el perjuicio económico que puede conllevar y empresarios y empleados estarán más cansados pues sus días laborables se harán más largos.

Tampoco debemos obviar que estamos dañando uno de los sectores industriales más importantes en España, el dedicado a la fabricación de turismos, y que ocupan a un importante volumen de la población, y que supone también una parte importante de nuestro PIB, pues con estas medidas se condiciona la adquisición de determinados vehículos en detrimento de otros, en este caso híbridos que no se producen, de momento, en España.

¿Y donde está la solución? ¿Y la conciliación del trabajo con la vida familiar?

Vía | Motorpasion Imagen | Branox

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