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Los cuatro desafíos más importantes de la economía española ante la crisis que viene
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Los cuatro desafíos más importantes de la economía española ante la crisis que viene

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El FMI anunció sus previsiones de crecimiento del PIB de los países europeos para este 2020, y las noticias no son nada halagüeñas para nuestro país. Este organismo internacional prevé que la economía española caiga solo este año más que en toda la crisis de 2008 a 2013, lastrada por la crisis del coronavirus y el confinamiento de la población española.

Italia y España sufrirán la peor crisis económica en 90 años, y la recuperación será más lenta de lo que inicialmente se preveía. Ante esta situación, la economía española debe estar preparada. Sin embargo, los desafíos que se plantean en nuestro país son de mucha mayor envergadura que los del país transalpino, cuyo tejido productivo parece, a priori, mejor preparado para lo que viene. Estos son los cuatro desafíos más importantes de la economía española.

Tamaño empresarial

España ha sido tradicionalmente un país de pymes y autónomos. Tanto es así que el 99,3% de las empresas españolas tienen menos de 250 trabajadores, y el 94% del total son microempresas que emplean menos de 10 trabajadores. Además, las empresas grandes no son realmente significativas a nivel global.

Esta circunstancia supone una vulnerabilidad adicional para las compañías, en especial en épocas de crisis económicas en las que más que es necesario un cierto músculo financiero para que las empresas puedan sobrevivir.

Endeudamiento privado

A pesar de la descomunal burbuja de deuda que en 2008 desató las dudas sobre sus capacidades de repago se haya desinflado de forma bastante significativa, lo cierto es que las empresas españolas continúan demasiado endeudadas, y cabe esperar que la salida de esta crisis provocará un aumento de las necesidades de financiación para obtener toda la liquidez necesaria.

Las empresas demasiado endeudadas son una bomba de relojería. Cualquier evento, por reducido que sea, puede poner en riesgo su salud financiera y su viabilidad futura. Esto fue, precisamente, lo que ocurrió en la anterior crisis económica, que condujo a un nivel de destrucción de sociedades sin precedentes. Y aunque no parece que estemos ante la misma situación, hay que ser cautos.

Dependencia del turismo y la construcción

España no es un país caracterizado por un tejido industrial potente. De hecho, somos excesivamente dependientes del turismo y, hasta hace poco tiempo, también de la construcción. Y ambos sectores se encuentran en una situación límite: la mayoría de empresas turísticas ya han advertido que tendrán que dar por perdido este año, y la construcción está prácticamente paralizada.

Esta dependencia provoca una situación económica procíclica. Es decir, que se acentúen tanto las épocas de crecimiento económico como las épocas de crisis. Por eso, cuando crecemos, lo solemos hacer por encima de los países de nuestro entorno, pero también caemos de una forma más intensa cuando la economía entra en recesión. Y esto es previsiblemente lo que ocurrirá a raíz de la crisis de la COVID-19.

Elevada economía sumergida

La elevada economía sumergida, que algunos estudios cifran en el 25 por ciento del PIB, está teniendo ya un impacto significativo entre los ciudadanos españoles. Muchos trabajadores se han vuelto de repente muy vulnerables al no contar con ninguna cobertura ni prestación que complemente sus ingresos, por no haber cotizado previamente a la Seguridad Social.

Esta circunstancia, tan propia de los países que comparten una cultura laboral similar a la nuestra, debería suponer un punto de inflexión. Hasta ahora, nadie le había prestado la importancia que merecía. Sin embargo, la realidad ha superado nuestras expectativas, y será complicado que estos trabajadores vuelvan a retomar sus trabajos con normalidad cuando la epidemia remita.

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