La escasez de mano de obra joven en el sector está poniendo contra las cuerdas a las empresas constructoras. Ante ese vacío, en una pieza recogida por El Español, es un propio albañil de 22 años quien señala que existen cursos de formación gratuita en albañilería que garantizan que el 95% de las personas que aprenden esta profesión tienen empleo y estabilidad laboral en nuestro país.
El pulso que convierte esto en noticia es estructural: el paro juvenil en España dobla la media europea y, aun así, los oficios tradicionales se quedan sin manos que los releven, con un vacío demográfico como no se recordaba.
La brecha que se acorta, poco a poco. La construcción sigue siendo un sector muy masculinizado, pero cada vez entran más mujeres. Según datos del Observatorio Industrial de la Construcción, ya representan el 11,5% de las personas que trabajan en el sector, una cifra que hace una década era prácticamente residual.
El dato que cuesta más leer. Ahí está la otra cara de las cifras optimistas. Según se detalla en la Memoria 2025 de la Fundación Laboral de la Construcción, entidad paritaria que gestionan de forma conjunta la patronal CNC (Confederación Nacional de la Construcción) y los sindicatos CCOO del Hábitat y UGT FICA, la institución formó a 124.435 personas en 2025, un 13% más que el año anterior. El problema aparece cuando se mira el siguiente escalón: sus itinerarios de acompañamiento personalizado atendieron a 32.711 personas, pero solo lograron la inserción laboral directa de 1.168. Formar es relativamente fácil; colocar a alguien en un puesto estable, mucho menos.
El plan de choque migratorio. Para tapar ese agujero, la Fundación ha puesto en marcha un plan específico dirigido a trabajadores en proceso de regularización extraordinaria, con cursos cortos de entre 30 y 60 horas en áreas críticas como la albañilería o la colocación de yeso laminado. Es una apuesta directa por la mano de obra migrante para frenar el envejecimiento de las plantillas, mientras el discurso en redes de chavales como este albañil de 22 años intenta atacar el problema desde el otro extremo: el prejuicio social hacia el oficio.
La paradoja es que ese discurso optimista convive con la realidad de otros perfiles técnicos del sector, donde algunos recién graduados denuncian semanas de 50 horas por sueldos que no llegan a los mil euros. El relevo generacional en la construcción, al final, no depende solo de convencer a los jóvenes de que hay trabajo, sino de que ese trabajo, sea con paleta o con plano, merezca la pena.
Imagen | Mikael Blomkvist (vía Pexels)
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