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En la entrada de ayer hacía referencia a aquellas personas que tienen como objetivo la búsqueda de la felicidad y el trabajo es un factor para alcanzarla. En el lado opuesto están aquellos otros que por unas razones, o por otras, paulatinamente va creciendo en ellos una actitud de desmotivación que se va a acrecentando.

En ocasiones, se llega a esta situación por sentirse infravalorados e insuficientemente reconocidos en el trabajo. Y si bien es cierto, que continúan desarrollando su actividad, su rendimiento decae. Aunque puede considerarse como un hecho aislado, considerarlo así puede ser un gran error para la organización y acarrear serias consecuencias.

Para que una empresa pueda poner solución a una situación de este tipo, es imprescindible que se percate de lo que sucede y pueda detectarlo. De este modo, un signo inequívoco es un cambio de actitud, sobre todo denotando una falta de implicación, no planteando objecciones pero tampoco dudas a las propuestas que se le realizan.

El propio lenguaje es también sintomático de desmotivación, ya que no es mismo tener que hacer las cosas que querer hacerlas. Una denota obediencia y la otra compromiso. En este sentido, está vinculado su rendimiento, limitándose a cumplir con las tareas que corresponde.

En definitiva, determinados a los que hay que prestar atención y estar atentos porque son síntomas que lo que revelan es que son empleados que aún estando presentes están ausentes, y que puede provocar una reacción en cadena que contagie a otros compañeros convirtiéndose en una situación difícil de gestionar por cualquier organización.

Vía | Aflora
Imagen | FIDELC1
En Pymes y Autónomos | Motivación

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