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valor

Dígamelo usted, que es el que sabe

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PuñoLa semana pasada viví un episodio un tanto surrealista en un concesionario de coches de mi ciudad. Resulta que tuve que llevar el coche de mi madre al concesionario oficial de la marca para hacerle la revisión y solucionar un problema con una luz que no funcionaba del todo bien y la cosa terminó en tragedia comercial. Sí, sí, no exagero cuando digo tragedia. A mi no me parece para menos.

Depués de pedir cita previa, me dirigí con el coche a este concesionario por primera vez (el coche fue adquirido en otro concesionario de la provincia porque me dieron un precio mucho mejor, pero ahora, por comodidad acudo acudía a este). Me atiende una persona con una chapa en el pecho en la que está escrito su nombre y un título que reza ‘Asesor comercial’. Pero resultó que esa persona era de todo menos asesor.

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El tornillo o aprender a valorar un servicio

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Fiat

Valorar o establecer el precio de un servicio es difícil, y más difícil es aún valorar aquellos que por sus características son intangibles, como puede ser un servicio de consultoría.

Cuando alguien me plantea cómo debe valorar su trabajo, e independientemente de los factores a tener en cuenta para el establecimiento del precio de un servicio, como pueden ser los costes directos, indirectos o el beneficio que se desea obtener, siempre les cuento la misma historia.

Seguro que muchos de vosotros ya la habréis oído en otras versiones y con otros protagonistas, pero me quedo con esta que hace referencia a un gremio al que se le atribuye una mala fama (¿inmerecida?, habrá casos para todos los gustos): los mecánicos.

La historia versa sobre un alto directivo que ha adquirido recientemente un coche de lujo, de más de 60.000 euros. El hombre en cuestión está muy satisfecho con el mismo, disfruta de su conducción, y de su alta comodidad, hasta que finalizada la garantía empieza a oír un pequeño ruido en la parte delantera izquierda que le molesta muchísimo. Intenta ahogar el odioso sonido subiendo el volumen del equipo de música, pero es imposible. Por ello, decide llevar el vehículo al concesionario oficial. Allí lo revisan con esmero, lo ponen a punto, lo lavan y se lo entregan, en principio todo solucionado. El ejecutivo paga la elevada factura y se va a su casa.

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