
Aunque en ocasiones nos cueste ver el símil entre la empresa y la economía familiar, estas dos organizaciones guardan más similitudes que diferencias, pudiéndose encontrar la solución a nuestros problemas empresariales en los razonamientos que nos llevan a tomar las decisiones más elementales dentro de una economía familiar, y por tanto, gestionar nuestro negocio como si se tratase de nuestra casa.
Uno de los ejemplos más claros es la decisión de si embarcarnos o no en una deuda o compromiso financiero. Surgiendo una trilogía de preguntas: ¿es necesario hacerlo? ¿tal vez no es el momento? ¿podemos pagarlo? Estas son unas de las preguntas más importantes dentro de una empresa, que al fin de al cabo es una organización que toma diariamente decisiones de inversión y financiación, debiendo gestionar los recursos al fin más productivo.








Todos sabemos lo que ocurre cuando vamos a renovar una póliza de crédito, la línea de descuento o reestructurar la deuda contraida en nuestra empresa. La mayoría de empresas no somos gratas a la hora de solicitar financiación para nuestros negocios.