
Había una vez un país en el que habitaban unos habitantes malos, muy malos, tan malos que pensaban que a los trabajadores no se les debería premiar por su puesto o antigüedad sino por su rendimiento, pensaban que el esquema habitual implantado de salario fijo obligatorio estaba obsoleto y que se debería caminar hacia un modelo de salario variable en el que se premiasen los resultados y en el que se creciese con los resultados, estos habitantes, que no eran otros que (algunos) empresarios del lugar, a pesar de tener nobles intenciones fueron tratados de esclavizadores. ¿Y yo me pregunto hasta donde hay cuento y hasta donde llega la realidad?, ¿hasta dónde se puede hablar de esclavitud cuando el empresario lo que busca es que todos ganen al máximo, pero no enriqueciéndose empobreciéndole a él?
Esta introducción a modo de cuento bien puede servir para introducir un tema que no esconde otra intención que lograr aumentar la productividad y la competitividad de nuestras compañías y que nos debería hacer ganar a todos, y que solo debería ser rechazado por aquellos que quieran seguir viviendo de prebendas, sin mirar resultados, pero que debería ser asumido sin miedo por la mayoría de los trabajadores y empresarios, afortunadamente hemos avanzado mucho, pero aun queda camino por recorrer, no hablo de otra cosa que del peso en los emolumentos que debería tener el salario variable.


Trece ayuntamientos portugueses fronterizos con Galicia proyectan 11 millones de metros de suelo industrial para captar el asentamiento de empresas gallegas. Entre el 2008 y el 2011 habrá operativas cuatro plataformas logísticas y seis parques más en solo un radio de solo cien kilómetros. El éxito de ocupación logrado en los polígonos fronterizos de Vilanova de Cerveira, Valença (donde la mitad de las empresas instaladas son gallegas) o Viana do Castelo es, para los promotores lusos, una garantía que avala las inversiones en los nuevos proyectos que, por otra parte han sido cuidadosamente planificados. Comunicaciones e incentivos no faltan: