
Muchas veces he hablado de los conflictos que puede traer en empresas familiares, muchas veces también he hablado de la ausencia de distinción en el trato que se debe de dar a los familiares cuando se trata de la gestión de la empresa. Pero creo que aquí nunca he hablado de cuando somos los hijos o los nietos favoritos, y parece que por decreto tengamos que aceptar la herencia del negocio de papa o del abuelo, ¿qué pasa si no queremos?
Yo lo tengo muy claro y quien me conoce sabe bien que hablo por experiencia propia. Quien tiene unos objetivos, quien tiene unos deseos y quien tiene unos gustos no tiene que doblegarse a gestionar, llevar o dirigir un negocio simplemente porque el padre o el abuelo sueñan con que lo hagamos. Papa o el abuelo tienen sus sueños, pero cada uno tiene los suyos, y tiene que cumplirlos.

Todos conocemos alguna empresa familiar, que pasa de padres a hijos, que se hace más o menos grande, y que funciona sin ningún problema, por lo que no supone ningún problema que los hijos formen parte de una empresa fundada por el padre o el abuelo, no es ningún error confiar a los hijos el futuro de la empresa, al menos a priori.




