
De la múltiple fauna de oficina destacan unos seres que lejos de ocultarse de la sombra acaparan todos los focos y lo logran cosechando los éxitos ajenos. Algunos determinan esta actitud ante la incapacidad de alcanzar el éxito por sus propios méritos y otros simplemente lo llevan en su forma de ser. Estoy hablando de “vampiros de oficina”, un sobrenombre para aquellos cuya forma de afrontar la competencia es negativa para la empresa.
Las capacidades psicosociales de dichos individuos pueden llegar a entorpecer la actividad de los grupos de trabajo y convertirse en un lastre y en una peligrosa costumbre que envenene el ambiente. En estos casos puede ocurrir como en la literatura fantástica: El “vampiro” puede convertir a sus víctimas. Estudiemos un poco este perfil y veamos qué hacer.





