En el día a día fruto de los picos de trabajo, las prisas, y la carrera por la consecución de los objetivos, se generan ciertas tensiones que de no limarse suelen generar un ‘clima de trabajo’ muy difícil de gestionar, y por extensión, muy pernicioso para el engranaje del equipo.
Teniendo presente esta situación, son cada vez más las empresas que organizan actividades fuera del horario laboral (o incluso utilizando un día laborable) para realizar una actividad de ocio conjunta con el objetivo de ‘hacer piña’. Siendo muy importante la manera en la que se organice para lograr el objetivo de manera exitosa.
Permítanme este calificativo, pero no se me ha ocurrido ningún otro mejor para definir la situación que se gesta en muchos equipos de trabajo en los que coexisten individuos de muy distinto perfil, y que debemos seleccionar para maximizar nuestros resultados y asegurar nuestra supervivencia dentro de la organización en la que prestamos nuestros servicios profesionales.
Dentro de un equipo de trabajo o departamento coexisten muchos perfiles: el trepa, el desinteresado, el rezagado, la hormiguita, etcétera, y de la relación profesional que mantengamos con ellos, dependerá directamente nuestra supervivencia en la organización, debiendo descartar aquellas actitudes negativas y centrar más nuestra atención a los estímulos positivos.
Hace unos años, cuando trabajaba atendiendo el teléfono en un servicio postventa relacionado con unas aplicaciones de software dedicadas a la realización de contabilidad, aprendí realmente a desarrollar mi paciencia. Muchas empresas contaban con personal con pocos conocimientos informáticos y te ponían a prueba siendo algunos bastante “especialitos”.
El desarrollo tecnológico puede desbordar a algunos empleados que llevan muchos años trabajando de una manera y como resultado quedan totalmente desubicados ante una nueva dinámica que requiere hacer uso de destrezas que no han desarrollado adecuadamente.
Hoy quiero compartir una breve experiencia de entre las miles que encontré en el puesto aunque en este caso le pasó a una compañera. Seguida de otras similares me confirmó que hay que ser cuidadosos con el lenguaje y saber mantener el tipo ante la adversidad.
La importancia de los grupos de trabajo en las empresas es indiscutible aunque no debemos esperar que surjan de forma espontánea dada la necesidad de transmitir unos principios firmes que aseguren su correcta implantación en la empresa.
Para ello se pueden destinar unas jornadas con el fin de facilitar la creación de los equipos e implantar los cimientos básicos sobre los que se crearán. Se deberá debatir sobre la misión del equipo hablando de sus objetivos para pasar a exponer las expectativas de los miembros del mismo ante dichos retos. El responsable deberá explicar cómo se organizará el trabajo para poder debatir las áreas de responsabilidad de cada miembro.
En este punto cada persona puede exponer su percepción sobre sus responsabilidades y funciones para luego ser contrastadas por la de los responsables. Las jornadas deben complementarse con el diseño de un sistema de seguimiento. A fin de exponer de manera sencilla los ingredientes básicos para crear un equipo de trabajo Ken Blanchard y Sheldon Bowles utilizaron una singular receta de cocina compuesta por 4 elementos:
Si hay algo que nos despiste y haga perder la concentración es el ruido en la oficina; sobre todo ruidos molestos y muy agudos. Un estudio elaborado por Oi2 cita como los ruidos más molestos para los trabajadores de oficina.
Dentro de estos ruidos molestos o insoportables encontramos el timbre del teléfono, el fax y la impresora, las conversaciones con los compañeros, el rumor de la calefacción y aire acondicionado, el ventilador de los ordenadores o el ‘murmullo’ del teclado y el ratón.
He leído con una sonrisilla este post de el Diario de un Director de sistemas: El “arturo” y los estereotipos. Es evidente que no me podría haber reconocido en el, pues ni he sido un “arturo”, y ni siquiera he sido consultor (o no al menos en la acepción de la que estamos hablando). Sin embargo, como cualquier hijo de los 70, los he conocido y los he sufrido. Y si, resulta muy muy clavado el retrato que hace de ellos.
Claro que el no haber sido un arturo no hace que yo no forme parte de otra tribu empresarial. No viene al cuento de cual, pero más de una vez me han comentado que se notaba cual había sido mi alma mater empresarial. Y si, aunque actualmente creo que ha perdido muchos de sus signos identificativos, he de reconocer mis similitudes, en mi forma de gestionar los asuntos, de reaccionar, de enfrentarme al día a día, con la de muchos excompañeros. Compartimos una cultura de empresa, lo mismo que la compartían esos arturos. Y, entre nosotros, me parece algo muy positivo para las firmas contar con ella. Y vosotros, en vuestras pymes, ¿tenéis una cultura de empresa?
IC nos ha hablado en un post sobre la tensión sexual en la empresa como termómetro para medir la vitalidad de la plantilla, su grado de cohesión, la necesidad incluso que exista en los equipos de trabajo y el tratamiento natural que le debemos dar a tales hechos como seres sexuados que somos.
Y la verdad que me ha hecho pensar más aún sobre este punto, dado que como personas que somos y con instintos y necesidades mutuas que tenemos, en muchas ocasiones podemos complicarnos la vida con encuentros sexuales con gente que nos rodea en nuestro entorno de trabajo. No me restrinjo sólo a compañeros de trabajo, sino a toda la esfera personal que rodea nuestras relaciones laborales.
Remo publicaba un post llamado Distracciones sexuales en el trabajo. Vamos, que no dejaba nada a la imaginación, como los trailers de las películas actuales. En él, aprovechaba un anécdota ocurrida en una sucursal bancaria, para ilustrarnos acerca de sesudos estudios del INE al respecto, así como reflexionar acerca de situaciones más o menos incómodas en el trabajo por la mencionada causa. Vamos, que yo le hubiese sugerido ilustrar el post con aquel anuncio de Eva Herzigova con el que me tope de lleno en una valla publicitaria de Madrid, aquel que decía eso de Mírame a los ojos. He dicho a los ojos.
El caso es que el post de Remo, aparte de traerme aquellos recuerdo, me ha pensar acerca del tema. Yo iré un paso más allá y no hablaré de las distracciones sexuales, directamente me referiré a la tensión sexual que se vive en las empresas, generalmente entre compañeros de trabajo, aunque cabe extenderla a colaboradores habituales o clientes. ¿Es buena, mala, o todo lo contrario?
Llegan las vacaciones y en muchas empresas organizan las famosas cenas de verano. Su origen hay que buscarlo en las cenas de navidad, una vez instaurada la tradición, había que encontrar la posibilidad de buscar otro acontecimiento a lo largo del año para justificar su celebración. ¡Y que justificante mejor que unas merecidas vacaciones!
Ahora bien, llegadas estas fechas, no es difícil que un compañero se te acerque y te pregunte aquello de “¿Tú vas a ir?”
Cómo toda celebración, las cenas de verano, también tienen sus fervientes admiradores y detractores. Y el éxito de las mismas está simplemente en el ambiente laboral que exista en tu empresa.
Si el ambiente laboral es un ambiente distendido, de colegueo, será un magnífico encuentro que estrechará aún más los lazos. En cambio si el ambiente es tenso (porque no aguantas al jefe, a tu compañero, a la organización, y además no eres sólo tú, si no que este sentimiento está extendido por la empresa) será simplemente una farsa, aunque con un loable objetivo, como es reconducir esa situación o limar esas asperezas.
Además siempre habrá aquel que piense “¿qué hago yo aquí con esta gente si me paso todo el día con ellos?”
¿Quién no recuerda el televisivo beso entre House y Cameron? Está claro que ellos sí están de acuerdo en mantener relaciones sentimentales entre compañeros, pero y vosotros ¿qué opináis?
¿Relaciones sentimentales entre compañeros sí o no? ¡Se abre la votación!
Según la web de CBjobs.es, que a su vez se hace eco de una encuesta del CIS, el 13% de los españoles declara haber conocido a su pareja en el entorno laboral, y el lugar de trabajo ocupa el cuarto puesto en el ránking de situaciones en las que los encuestados afirmaron haber conocido a su media naranja, por encima de discotecas y otros lugares de ocio (9%).
Si lo pensamos bien en cierta forma es normal, pues la jornada laboral en España es en algunos casos extensiva, se alarga más de lo necesario, y además se ve interrumpida por la “hora de la comida/siesta” en la que muchos compañeros de trabajo, aprovechan para comer juntos y hablar de todo aquello que les une (un mal jefe, una compañera envidiosa, la nómina del mes, cuchicheos varios, etc…) llegando en muchas ocasiones a establecer situaciones de confianza y complicidad que pueden desembocar en affaires amorosos. No en vano, según la citada encuesta, atención solter@s, se liga más en el trabajo que en una discoteca.
Pero ahora bien, ¿puede el empresario hacer algo para evitar esta situación? ¿es deseable?