
Hay que reconocer que el coche de Maus, al que llamaba cariñosamente “Leré” por su capacidad de marear a los pasajeros, era bastante viejo, pero la experiencia le decía que a los vehículos no les salían arrugas con el paso del tiempo. Sin embargo, allí estaba aquella gran abolladura en la puerta lateral. El asesor dio unas cuantas vueltas en busca de alguna nota o explicación de aquel que hubiese causado el destrozo, pero no había nada.
Entró en el vehículo por la puerta del copiloto, ya que la del conductor no respondía a sus tirones y se dirigió a un taller para ver lo que podían hacer por Leré. Cuando llegó al más cercanos seguía mascullando insultos, pero entonces recibió con sobresalto el saludo de un mecánico totalmente eufórico al ver que cruzaba la puerta.







