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La soledad del emprendedor

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Este fin de semana estaba reflexionando acerca de la soledad. Y justo entonces publicó Remo el siguiente post, basándose en una canción de Anastacia. Lo cierto es que tenía dudas sobre si quizás volvía a pecar de excesivamente filosófico, pero esa entrada me acabo de decidir. Y es que creo que a todos nos convendría reflexionar, a solas y en grupo, sobre este tema, sobre la soledad del emprendedor. Ojo, que es la misma soledad que, como luego veremos puede sentir un profesional que trabaja por cuenta ajena o un funcionario, pero de algún modo se suele cebar de manera especial en el emprendedor, en el profesional liberal, en el autónomo.

¿Por qué? A mi juicio se trata, en esencia, de un problema de comunicación, de hablarlo vaya. El trabajador, el funcionario, están inmersos en una estructura, más gr5ande o más pequeña. Se sienten mucho más arropados, más protegidos. Si a eso le unimos que el emprendedor (no sólo el, pero si en mayor medida), por definición tiene que hacer que las cosas pasen, que vencer inercias, que romperse la crisma un día y otro también contra una pared de burocracia, competencia y malos datos macro que le vienen encima, es comprensible que el emprendedor se sienta solo, muy solo. Como un portero ante un penalti. ¿Qué hacer para no caer abatido?

  • Recordarse uno mismo, constantemente, las metas que tenemos, los motivos por los que luchamos y por los que realizamos los sacrificios. Hay que visualizarlo. Me da igual que sea un seguimiento con un excel, un mapa enmarcado en la pared, o una foto especial en nuestro despacho, pero hay que machacarnos con que lo que hacemos tiene un sentido, una finalidad.

  • Hablar, hablar, y hablar. Tenemos que comentar nuestros problemas con alguien. Los más íntimos y peliagudos con gente de confianza (es fundamental para emprender contar con al apoyo de tu familia, de tu circulo más íntimo). Eso nos ayudará a darnos cuenta, en muchas ocasiones, que no somos un caso aislado. Que hay mucha más gente con esa misma situación y que la soluciona de distintas maneras. seremos especiales, pero no tanto. Y respecto a los no tan íntimos, recomendaros que tengáis una visión amplia de vuestra empresa. Vuestra empresa no sois solo vosotros y vuestros empleados. Lo son vuestros proveedores y vuestros clientes. Tejer relaciones de confianza, comunicaros con ello, y trasladar, si es posible parte del problema hacia arriba y hacia abajo.

  • Recordad siempre que, aunque la chispa de la creación, la toma de la decisión, suele ser individual, difícilmente podremos llevarla acabo nosotros solos. Equipo y líder se necesitan mutuamente.

  • Por otro lado, conviene relativizar. No podemos autoexigirnos en exceso. No controlamos todas las variables. Existe el azar, la causalidad, y en ocasiones buscamos explicaciones que nos hacen mucho daño solo por negarnos a admitir que algo es fruto de la buena/mala suerte. Si pusiste todo de tu mano, y aun así por un golpe del destino, sale mal asúmelo y no descargues tu ira, ni en ti mismo, autoculpándote, ni en los terceros. en ese sentido me resultó muy interesante la reflexión de Varsavsky sobre las diferencias culturales que dan lugar a un clima pro-suicidio o pro-violencia.

Aún así, soy consciente de que cuando apagas la luz, cuando cierras los ojos, uno se queda solo, aunque tenga a otra persona a su lado. Sólo con uno mismo y con sus pensamientos. Ahí estoy con Remo. Hay que aceptarlo. Y superarlo. Y no esperemos siempre que alguien venga a rescatarnos, en forma de político, sindicato o cliente. En este sentido, me parece impagable este comentario de Risto Mejide, recogido en Presión Blogosférica:

Por eso, quiero acabar con un cariñoso mensaje dedicado a todos los lameculos que siguen lloriqueando para que otro les saque las castañas del fuego. Tres palabras: no hay otro. Tres más: jamás lo hubo.

En Pymes y Autónomos|Burt Munro: si quieres, es posible que puedas Enlace|Video original YouTube

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