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Prostitución en la puerta de la empresa

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La prostitución callejera en nuestro país es un síntoma económico y social pero lejos de pretender entrar en contenidos éticos quiero reflexionar sobre la indefensión que sufre el empresario ante la presencia de la prostitución en las áreas industriales y en las calles donde se ubican sus negocios.

No debemos caer en la hipocresía pues por mucho “derecho” que puedan tener estas personas a utilizar su cuerpo el problema de imagen y depreciación de la zona es evidente. ¿Os gustaría encontrar prostitutas ejerciendo en la puerta de vuestro negocio? Seguramente ni os gustaría esto ni os gustaría encontrarlas frente a la tienda que visitéis como consumidores.

El debate podríamos abrirlo por el fondo del asunto realizándonos una pregunta ¿La prostitución es motivo o efecto de la depreciación de la zona? Podemos decir que la prostitución suele ubicarse en zonas marginales pero sabemos que no siempre es así dada la gran competencia que hace que tengan que buscar nuevas zonas donde ejercer.

La prostituta que ejerce en la calle suele ser estar acompañada de otra serie de problemas que la preceden. Drogas, mafias, robos, poca presencia policial… podríamos decir que si aparecen en nuestra zona es por culpa de las autoridades y como efecto al aumento de la seguridad de otras áreas que han producido el desplazamiento de la prostitución o la disminución de la misma en nuestra zona. A mi parecer es efecto y a la vez parte del motivo de la depreciación.

¿Es un problema legal? La respuesta también es ambigua. Es decir, algunos comerciantes opinan que este problema no se solucionará hasta que se legalice y regule la actividad pero por otro lado existen ordenanzas municipales que regulan estas actividades en las calles sin demasiado éxito. El problema de no tener una regulación nacional pone el foco sobre los municipios y deja a la policía en una situación comprometida al ser incapaz de hacerlas cumplir de forma efectiva.

El comerciante y el pequeño comercio son víctimas de la situación y no encuentran fácil solución más allá de cambiar de zona. Ante la prostitución en sus puertas llaman a la policía. La prostituta se retira y vuelve más tarde o al día siguiente. Si no es así solo hay que esperar pues otra vendrá. Así de triste es la situación, una batalla perdida por el comerciante que no se da cuenta de la magnitud del problema hasta que no se plantan en su calle y en su puerta.

“Comprendemos la situación de muchas de estas chicas, pero no podemos continuar soportando su presencia en el entorno de nuestros negocios porque nos asusta cómo va a afecta esta situación a la marcha de los mismos” Francisco Pérez presidente de APREMA para El Día de Córdoba

En algunas zonas se colocan cámaras pero aunque amedrentan a carteristas y ladrones (en cierta medida pues ya sabemos lo mal protegidos que estamos los ciudadanos ante estas prácticas) las prostitutas pueden verlo incluso como una medida de seguridad a su favor al no estar incumpliendo ninguna ley ni ordenanza (según la localidad donde se encuentren.) Eso sí, parece amedrentar a parte de los potenciales clientes.

Las grandes superficies comerciales no sufren estos problemas pero el pequeño comercio puede ver su supervivencia en juego. Los problemas son evidentes aunque la prostitución se realice durante el día o la noche:

  • Los empresarios tienen problemas de imagen no solo con sus clientes sino con sus potenciales socios al llevarles a sus oficinas y encontrarse con un mal entorno.
  • El local comercial pierde valor y su venta se complica por depreciación de la zona.
  • La suciedad en la vía pública aumenta.
  • La imagen de marca empeora.
  • Disminuye la seguridad de nuestro local ( hogueras en zonas industriales o robos derivados del entorno generado y atraído por ciertos tipos de prostitución).
  • Las ventas o prestación de servicios son perjudicados ante la disminución de público.

Las personas que ejercen la prostitución pueden comportarse de forma respetuosa, o no, pero su mera presencia es un indicador de que algo falla en la zona. Si se colocan delante de la entrada a nuestro establecimiento podemos esperar resultados similares a si se realizan obras en la acera pero en este caso sin indemnización ni ayuda alguna.

La legislación nacional no enfrenta el problema sino que lo pasa por alto delegando la responsabilidad a cada zona. No existen los medios suficientes y la policía no puede abordar toda la magnitud del problema al existir problemas de seguridad mucho más urgente a corto plazo (robos, violaciones, actos violentos…). Con la situación de paro que vive nuestro país ha aumentado la prostitución de mujeres y hombres de modo que no se puede esperar que el problema vaya a solucionarse por sí mismo.

“Desde hace unos meses hay mucha más competencia”. “La gente que trabaja en esto ya ni se toma una semana de vacaciones” Kenin en el año 2008 para “El Confidencial”. Gigoló desde hace más de 20 años.

Si aplicamos los fundamentos de oferta y demanda podemos concluir que el aumento del número de personas ejerciendo disminuirá el precio. Oímos en la televisión que las prostitutas admiten haber tenido que bajar los precios por la crisis así que ambos factores producen que la competencia sea más feroz y aumente la conflictididad y la “agresividad comercial”, por decirlo de manera elegante. Todo juega en contra del empresario pero también de la seguridad ciudadana y de los “profesionales del sexo”.

¿Alguien ayudará a los empresarios y a estas personas? ¿Tenemos que meter los negocios en centros comerciales para estar seguros? ¿Convertir el local en un burdel, quizás? ¿Para cuando un debate serio al respecto en España?

En el Blog Salmón | Legalizar prostitución y hachís puede reportar 15.000 millones en impuestos
En Pymes y Autónomos | La prostitución como actividad económica | Prostitutas, gorrillas y fumadores de porros
Imagen | Germán R. Udiz

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