El problema no es la cuantía de las sanciones de Inspección de Trabajo, sino la posibilidad de que nos hagan una

El problema no es la cuantía de las sanciones de Inspección de Trabajo, sino la posibilidad de que nos hagan una
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La realidad es que los inspectores de trabajo son como los unicornios, casi parecen seres mitológicos. No digo que no existen, porque conozco a varios de ellos, aunque afortunadamente no por motivos profesionales. La realidad es que es un órgano importante, pero con una gran escasez de personal. Y realmente es muy complicado que nos hagan una visita en nuestra empresa. Por eso el problema no es la cuantía de las sanciones de Inspección de Trabajo, sino la posibilidad de que nos hagan una visita.

Y esto lo saben la mayoría de las empresas. Por eso muchas a la hora de valorar cuánto les cuesta montar todo según marca la normativa o hacerlo de aquella manera, eligen la segunda opción. Y eso que se ahorran sino tienen una visita de Inspección. Si dividimos el número de empresas entre el número de inspectores, la realidad es que casi tenemos más posibilidades de que nos toque la lotería.

Por eso creo que no será efectiva la medida propuesta y que entrará en vigor a partir del próximo 1 de octubre que supone un aumento de las sanciones de Inspección de Trabajo en un 20%. Por mucho que la sanción máxima sea de casi un millón de euros, eso para una multinacional con muchos ceros en sus beneficios no a suponer un motivo para cumplir con la ley si creen que les perjudica en sus intereses.

Si a esto se le suma cierta antipatía hacia las obligaciones formales que nos impone la normativa, tareas que implican coste pero que no suponen facturación para las compañías. Y es la Inspección quien se encarga de que se cumpla, la realidad es que pocas empresas sienten alguna simpatía por ellos.

Las sanciones es una fórmula que debería ser disuasoria. Una multa elevada supone un problema para las empresas, pero no tiene efecto disuasorio en la mayoría de los casos. Más eficientes son las campañas que ponen el foco en un determinado asunto, no solo porque suman más recursos para intentar que las empresas se ajusten a la ley, sino porque por un lado se publicitan bastante y hacen que más de una regularice situaciones anómalas sin que llegue a tener la visita del inspector.

Aquí las cartas de advertencia suelen ser muy eficientes, sobre todo si se detecta algún indicio de que algo no se está realizando correctamente. Más complicado es saber si un determinado centro de trabajo tiene en regla su control horario, por ejemplo. O no se está dotando a los empleados de los recursos necesarios para que trabajen desde su hogar.

Por último hay que tener en consideración que los Inspectores nunca van a imponer una multa tan elevada que signifique el cierre de la empresa. Es decir, por mucho que suban las sanciones siempre hay un límite y no lo van a cruzar incluso en los casos más graves. Si de verdad se quiere hacer que la Inspección sea más eficiente simplemente pasa por tener más medios, y no solo hablamos de más personal, sino de herramientas más eficientes que ayuden a detectar problemas.

Imagen | alcangel144 en Pixabay

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