Todo lo que puedes (y debes) pedir a un buen asesor además de que te haga la declaración del IRPF
Fiscalidad y Contabilidad

Todo lo que puedes (y debes) pedir a un buen asesor además de que te haga la declaración del IRPF

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Una empresa es habitual que se rodee de colaboradores o empresas externas que le ayuden y aconsejen sobre diferentes cuestiones que necesitan en su día a día. La gestión financiera y fiscal es un área muy importante. Y es fundamental contar con un buen asesor que hará por tu empresa mucho más que la declaración de IRPF o presentar los impuestos a tiempo.

No hay que confundir, alguien externo que gestiona nuestro apartado fiscal, que traslada los datos que nosotros le facilitamos a la parte técnica que nos solicita Hacienda, con un asesor fiscal, que va más mucho más allá de picar los datos en el formulario correspondiente de la administración de turno.

Por supuesto, el asesor fiscal tiene que estar al día en los cambios legislativos, para ayudarnos a aprovechar las oportunidades que surjan, pero también para realizar los cambios oportunos en nuestro funcionamiento como empresa si fuera necesario.

El asesor llega antes de constituir la propia empresa

Pero es que muchas veces la contratación del asesor fiscal debería realizarse antes de constituir la propia empresa. Es un momento delicado, donde muchos pueden tener muchas dudas sobre como tienen que empezar a operar, qué trámites realizar, etc.

Pero también el asesor nos puede recomendar que forma jurídica será más favorable para nosotros, si nos interesa más tributar por módulos o estimación directa, qué subvenciones y ayudas tenemos disponibles y a cuáles nos podemos acoger, etc.

Nuestro asesor nos debería informar de las ventajas y los trámites que tiene asociada el alta de nuestra empresa según la forma jurídica que puede ser:

  • Sociedades Limitadas de Nueva Empresa (SLNE)
  • Sociedades de Responsabilidad Limitada (SRL)
  • Sociedades Limitadas de Formación Sucesiva (SLFS)
  • Sociedades Civiles
  • Empresarios Individuales (Autónomos)
  • Emprendedores de Responsabilidad Limitada
  • Comunidades de Bienes

Se trata de evaluar el plan de negocio con nosotros, ver de dónde partimos y qué perspectivas de crecimiento tiene nuestra empresa. A partir de aquí podemos ver qué es más interesante o cómo podemos cambiar en el futuro según lo hagan las circunstancias de nuestra empresa.

La planificación y el ahorro fiscal

El asesor además de saber la situación de nuestra empresa, o quizás precisamente por esto, se anticipa a nuestras necesidades. Gracias a su conocimiento financiero y a las prácticas que han funcionado en otras organizaciones es capaz de proponernos acciones que mejorarán las finanzas de nuestra compañía.

Se trata de establecer una verdadera política fiscal en tu negocio y de optimizar todos los recursos que la normativa vigente nos permita. El asesor nos propondrá acogernos a todos aquellos beneficios fiscales a los que podamos en función de las características del negocio, ya sean amortizaciones aceleradas, compensaciones de bases imponibles negativas o deducciones, entre otras.

Otro aspecto importante es la valoración anual del negocio y la propuesta de fórmulas de mejora para el siguiente año. En función de las previsiones, de los datos de facturación, gastos o novedades legislativas introducidas.

El asesor dispone de información de gestión, de ratios, indicadores o cuadros de mando que permiten tener una visión general del negocio, que muchas veces ni siquiera tiene la propia empresa. Son datos que ayudan a tomar una decisión de forma objetiva por ejemplo para acometer nuevos proyectos, realizar o no inversiones, estructurar la plantilla, optimizar tu estructura de costes.

El coste de un buen asesor

Y todo esto nos lleva a una cuestión importante. ¿Qué coste tiene un buen asesor? Si hablamos de los más económicos del mercado, su labor se limitará a la presentación de los impuestos a tiempo y poco más.

Toda la labor de acompañamiento y conocimiento de nuestra empresa, de asesoramiento y ayuda, requiere tiempo y dedicación. Al final se trata de conocer financieramente el negocio mejor que la propia empresa. Y esto no suele ser barato. Eso sí, si hacen bien su trabajo se paga solo con el dinero que nos ahorran en impuestos, mejorando nuestras finanzas o evitando que entremos en proyectos para los que no tenemos el respaldo adecuado.

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