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Disciplina horaria

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En esta vida he sido, soy y seré amante de pocas disciplinas. Siempre he creído en la libertad como bien máximo a conquistar por los individuos en todas las facetas de la vida, y eso por supuesto siempre lo he aplicado al ámbito profesional, por eso probablemente siempre detesté trabajar para otros y desde bien joven mi única obsesión era no depender de nada ni de nadie, pero hoy quiero ser infiel a mis propios principios.

Y quiero pervertir mis ansias de libertad y ser infiel a mis principios por la defensa que voy a hacer del reloj en nuestra actividad profesional, no tanto en la jornada en si misma, ni de creer en horarios determinados o de horas a trabajar, como en la regulación que nos hacemos de la jornada, y que en el caso de los que trabajamos por nuestra propia cuenta la disciplina horaria es casi una obligación.

Una de las ventajas de trabajar por mi cuenta desde siempre entendí que era la de no depender de nada ni de nadie, de no dar explicaciones a ningún otro ser humano, y de poder hacer y decidir siempre lo que me apetezca, como y cuando me apetezca. Esto llevado al máximo extremo, significa tampoco depender de relojes y poderme organizar la jornada a mi modo, es decir atender citas con clientes a horas convenidas y el resto depender libremente de mi libre voluntad de sentarme a unas horas u otras en el ordenador, pero eso tiene unos riesgos.

Los que somos noctámbulos como yo, y que en el pasado habíamos vivido la noche intensamente y que el sol solo lo veíamos al acostarnos, nos sentimos ahora cuando ya no somos gatos pardos, más vivos, más activos durante las horas nocturnas que diurnas. Y si eso lo podemos trasladar a nuestra actividad profesional y trabajar en nuestros proyectos o lo que sea a esas horas delante de nuestro ordenador y una taza de café estará bien, pero siempre que sea organizado.

Lo que no es sano es que no tengamos hora que levantarnos y tampoco de acostarnos, que trabajemos unas horas u otras según nos apetezca, y que solo cumplamos relativamente un horario los días que tenemos citas presenciales con clientes. Esta puede ser una de las grandes ventajas de trabajar de forma “freelance” en muchos proyectos, pero también uno de sus grandes riesgos: el de no saber compaginar esta libertad, con una cierta disciplina que nos permita también estar vivos a aquellas horas en los que la sociedad vive y mantener una regularidad horaria que a la postre nos hará ser más productivos.

En Pymes y autónomos | Más horas de trabajo no suponen mayor rendimiento Imagen | manel

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