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Los pactos salariales: ¿Mejor cantidades brutas o netas?

Los pactos salariales: ¿Mejor cantidades brutas o netas?
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Muchas son las veces que nos consultan qué opciones existen por parte de la empresa de abonar cantidades a un trabajador sin que deban satisfacerse impuestos por las mismas. En definitiva y resumiendo nos preguntan como abonar a alguien una cantidad neta en concepto de nómina sin tener que pagar más de la cuenta, y por lo tanto sin tener que trasladarlo al bruto que efectivamente se corresponde con el coste empresarial. Lejos de comentaros cómo funcionan las dietas y otras cantidades exentas de retención, haré una reflexión respecto a los pactos salariales entre empresa y trabajador cuando tienen por objetivo concretar cantidades salariales netas.

En primer lugar, y bajo mi humilde opinión os diré que los salarios deberían pactarse siempre como importes brutos, pues la empresa no tiene que ser responsable del IRPF que el trabajador finalmente debe satisfacer a Hacienda. Un pacto salarial a neto puede conllevar:

  • Además de la petición anterior por parte de la empresa para evitar impuestos y gastos con el riesgo fiscal que esas actuaciones pueden conllevar,
  • Que el trabajador al hacer su declaración de renta le devuelvan IRPF pagado por la entidad al deducirse cantidades destinadas a inversión en vivienda, alquiler, hijos no informados en la comunicación de datos, ascendientes, inversiones en energía solar, pensiones compensatorias, planes de pensiones, etc... habiendo cobrado finalmente más de lo que en realidad hubiera sido justo atendiendo a un pacto salarial neto en toda su extensión y contenido.

Para que un pacto salarial pueda entenderse imparcial, neutral y en definitiva justo para ambas partes, el trabajador debería comunicar al empresario todas las situaciones, inversiones y demás circunstancias personales precisas de forma que al hacer la declaración de la renta su resultado fuera 0,00 euros, es decir, ni a ingresar ni a devolver.

En muchas ocasiones, si se pactan importes netos atendiendo a las circunstancias personales y familiares, resulta que al perceptor de los rendimientos que no tiene hijos, no paga pensiones, o que su cónyuge trabaja le corresponde una retención elevada (incrementando el importe bruto a percibir) y no existiendo queja alguna al respecto. Eso sí, en el momento en que nace un hijo, se paga una pensión compensatoria o el cónyuge deja de trabajar, entre otros supuestos (lógicamente siendo conocedor el empresario de esas circunstancias) resulta que el trabajador no está de acuerdo en que se le rebaje el salario, y ello pese a ser la cantidad neta percibida idéntica.

Ejemplo: Imaginemos que pactamos en 2007 con el Señor X una cantidad mensual de 1.500,00€ netos, éste no tiene hijos, es soltero, no paga pensiones, no tiene hipoteca, etc... por lo que para la empresa esa cantidad en bruto suponen unos 2.000,00€ (ficción total). Resulta que el Señor X a finales de 2007 en una cena de empresa conoce a una estudiante, se acuestan y ¿cómo son las cosas? tiene trillizos y se casa ese mismo año 2008 con la que será la mujer de su vida. ¿Debería la empresa aprovechar esas circunstancias para bajarle el salario bruto al Sr. X en 2008 de forma que siga cobrando 1.500,00€ mensuales tal y como se acordó?

Estaréis de acuerdo conmigo que no es muy apropiado (léase dudosamente constitucional) aunque la cantidad neta a cobrar sea idéntica, disminuir el salario al trabajador debido al nacimiento de un hijo o alguna otra circunstancia personal, y ello aun habiéndolo pactado en concepto de salario global, y aun siendo el salario negociado mayor al previsto en convenio colectivo. En definitiva, que para evitar conflictos de ese tipo sería conveniente que el empresario acordara siempre cantidades brutas con el trabajador, entre otras cosas porque en ese caso están claros los costes empresariales y no habrá conflictos futuros como los antes comentados, o el típico de los famosos 400,00€ de deducción que el gabinete de Zapatero aprobó, o el que pueda surgir debido al cambio de un tipo de retención fijo a otro variable, etc... en definitiva, circunstancias que se nos escapan y que hacen de la casuística nuestro peor enemigo pese a ser buena la intencionalidad.

Imagen | Leodecerca en Flickr

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