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Cuando ser cuidador de un familiar detiene tu vida profesional

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La ley de Dependencia existe pero llegar no llega, al menos a todos los enfermos que la necesitan. El escenario habitual en España es que los hijos se hagan cargo de los padres con cualquier tipo de enfermedad. Eso conlleva además de estrés, tiempo que se deja de cotizar o de trabajar.

Un cuidador de una persona con una demencia ha de estar disponible las 24 horas los 365 días del año. La parte emocional que une al hijo con el padre o la madre queda satisfecha por la labor cumplida pero la realidad es que las facturas se han de pagar y ese paréntesis en lo laboral no está reconocido. Mientras que una mujer embarazada percibe ayudas, una mujer que cuida de un familiar no tiene muchos derechos.

Empezar de cero

Si eres freelance y tienes la oportunidad de trabajar desde casa y cuidar de un enfermo (un niño es otro mundo) puede que los ingresos no falten pero evidentemente no van a ser los mismos que si pudieras dedicar la jornada completa a trabajar.

Pasar tres, cuatro o cinco años cuidando de los padres parece lo normal en esta sociedad. Sobre todo, cuando se es mujer, parece que por serlo es obligatorio dedicar tu tiempo y energía a ejercer de médica, enfermera y psicóloga sin tener conocimientos de ninguna de las tres cosas.

Esta situación provoca un desgaste físico y emocional. Todo el mundo felicita al cuidador pero luego, se queda solo en casa y ha de afrontar además de una experiencia para la que no está preparado, un parón en su vida profesional. ¿Cómo empezar de cero si tu última experiencia ha sido dedicarte al cuidado de una persona?

Tras el paréntesis, la incorporación al mundo laboral

Hay personas que tras el cuidado de sus familiares descubren su vocación y se dedican durante una temporada a cuidar a otros porque creen que es lo único que ahora saben hacer.

De una mala experiencia pueden salir profesionales estupendos dedicados al cuidado de los mayores. ¿Pero y si ésa no era ni es tu vocación?

El mejor consejo es si no tienes dinero para pagar terapias: busca y busca un trabajo fuera de casa, el cuidado de una persona mayor puede haberte convertido en una persona nueva con más habilidades, quizás no traducidas en títulos pero sí en comportamientos que te servirán para encajar en un trabajo que ni te habías planteado.

Empresas involucradas con los cuidadores

Que un padre o una madre de repente enferme le puede pasar a cualquiera. Algunos optan (si su economía lo permite) por ingresar en un geriátrico al familiar. No es una decisión negativa, el trabajo es lo primero, pero cuando no queda otra alternativa y además parte de tus ingresos ayudan a que su calidad de vida sea mejor ¿qué ocurre?

Algunas empresas, casi todas fuera de España, sí apuestan por echar una mano a esos trabajadores que ven cómo sus vidas cambian de la noche a la mañana. Como decía al principio: ¿Qué diferencia hay entre ser madre o padre o ser un cuidador?

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Imagen|Neildodhia

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