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Desde hace algún tiempo una de las cualidades que más valoran las empresas de sus trabajadores es la capacidad para realizar multiplicidad de tareas, lo que en los países anglosajones denominan “multitasking”.

En la actualidad, este tipo de trabajador se encuentra al alza y es profesionalmente muy apreciado ya que las empresas han de atender sus compromisos en un escenario de escasez de recursos generalizado lo que les obliga a hacer más con menos, por supuesto, incluyendo al equipo profesional.

Que sea una actitud generalizada por parte de las empresas no quiere decir que sea acertada, ya que cuando un trabajador ha de atender a distintas tareas simultáneas, evidentemente, presta menos atención a cada una de las tareas asignadas puesto que su foco está dividido en varios asuntos a la vez.

Teniendo que atender a distintos encargos simultáneos, el profesional pierde la oportunidad de entregarse por completo a una actividad y utilizar todo su potencial para el desarrollo. No es el número de actividades que una persona es capaz de realizar lo que determina su productividad y valía. No resulta ser más efectivo si se pierde calidad en la realización de cada una de estas tareas y por tanto, especialización.

Este mismo principio es aplicable tanto al empresario como al directivo, no disponer del tiempo necesario para involucrarse en un proyecto en concreto puesto que debe atender otros más incide negativamente en la calidad final. Por tanto, ese espíritu o celo profesional de querelo abarcar todo es contraproducente y hace bueno el dicho de “quien mucho abarca poco puede“.

Por tanto, retomar el concepto o la figura del artesano, es decir, el especialista, en detrimento del profesional, caracterizado por su naturaleza multidisciplinar, no es una idea descabellada para así incrementar la eficacia y la productividad de la organización.

Imagen |stoneysteiner
En Pymes y Autónomos | Recursos Humanos

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